Opinión

Es curioso el camino que recorren las palabras, cómo cambian de sentido, y adquieren significados diferentes, opuestos en algunos casos, según época o lugar. La palabra ‘minuta’, por ejemplo. Oriunda del bajo latín, significaba ‘borrador’, escrito que antecede al definitivo, especialmente en la jerga de los juristas. Se puede decir, también que minuta, literalmente significa ‘menuda’ o ‘pequeña’. Hay una expresión latina para referirse a los pecados veniales, o menores (aquellos perdonados con un simple Ave María): “peccata minuta”. Las notas en borrador tomadas durante los discursos o conferencias también se llaman minutas. Y en los honorarios de los abogados, cuando se detallan los conceptos que se cobran, también se aplica el término. Cuando se archivan documentos, con un orden determinado, decimos minuta. Con la misma base, listas sistematizadas de varios elementos, por ejemplo las usadas en bares y restaurantes para dar a conocer al comensal, sea en una pizarra, en dípticos puestos en la mesa o en una carpeta,  sus platos, bebidas y postres, se llaman minuta. La enumeración de los platos degustados en un banquete es una minuta. Pero en Argentina, minuta se refiere a comida rápida, al paso, de elaboración sencilla, que está preparada para servir. A veces se utiliza la palabra para significar que la comida es hecha al momento (aunque no sea rápida, por tratarse de platos elaborados). Tan popular es el término, que a los cocineros especializados en servir este tipo de comida se los denomina ‘minuteros’, sinónimo de ‘batalleros’ puertas adentro de la cocina. Oficiales muy rápidos, que dan prioridad al tiempo y no tanto a la calidad. Ya ven, minuta paso de borrador a comida rápida. A veces, las palabras se incorporan a una lengua por influencia cultural. Es el caso del término ‘jamón’, que llega al castellano del francés, debido a la enorme influencia de la gastronomía gala en España en los siglos pasados. Veamos el derrotero de la palabra. El origen etimológico viene del griego ‘kempe’, que significaba “corvejón de una pata de animal”. Con el tiempo, concretamente en el siglo XIII, en Francia aparece el término ‘jambe’ para significar ‘pata’ o ‘pierna’. De esta palabra deriva directamente la palabra ‘jamón’. Es sabido que, por siglos, intelectuales, periodistas, cocineros y dueños de restaurantes aplicaban términos en francés para bautizar los platos elaborados en la hostelería y restauración pública de la Península. De todas maneras, la palabra ‘jamón’ recién se populariza en España durante el siglo XVI. Anteriormente prevalecía el vocablo pernil, que venía del latín ‘perna’, sinónimo de “parte comestible del muslo de un animal”. Pernil todavía es usado por muchos para referirse a nuestro emblemático manjar, personalmente me encanta. Antes de ir a la cocina, recuerdo una expresión que usaba mucho mi abuela: “mala leche”. Parece que antiguamente se pensaba que los infantes absorbían la personalidad de quien les daba de mamar, y era muy común contratar a nodrizas o amas de leche que se encargaban de alimentar a hijos de otras mujeres (de hecho, mi abuela, fue de joven ama de leche en Barcelona). Dicen que se contrataba a las nodrizas teniendo en cuenta los orígenes, el nivel cultural, antecedentes policiales, problemas psíquicos, pero la realidad indica que en muchos casos el ‘oficio’ lo ejercieron esclavas cuyos antecedentes era imposible rastrear. En cualquier caso, si el niño tenía problemas de carácter, de comportamiento, o enfermedades, la culpa se le daba a “la mala leche” ingerida. Aristóteles fue más lejos, al afirmar que las personas que habían mamado la misma leche tenían un nexo común entre ellas. En fin, pero volviendo a las palabras, viene a cuento la palabra ‘democracia’, que vendría del griego ‘demos’ (pueblo) y ‘kratos’ (poder). Aunque algunos investigadores dicen que, literalmente, el término quiere decir “gobierno de los artesanos y campesinos”, excluyendo a nobles, esclavos y mujeres. Pero en la práctica, en Atenas, apenas el 10% de la población podía acceder al gobierno. Y, a pesar de lo aprendido en la escuela, es muy discutible que la cuna de la democracia fuera Atenas, ya que muchas civilizaciones tuvieron formas de gobierno democráticas, más democráticas que la griega. En el siglo XXI, en nombre de la Democracia unos pocos retienen para si todos los beneficios, y enmascaran verdaderas y crueles dictaduras. Basta ver las parodias de comicios libres que aparecen por estos días en los periódicos. ¡Cuántos crímenes comete el hombre en el nombre de Dios, la Libertad y la Patria! Por suerte la palabra amor, que llega directamente del latín, al igual que pan (‘panis’) no cambiaron su sentido a lo largo de la historia. Con amor y pan elaboremos un postre clásico.


Budín de pan-Ingredientes: 300 grs. de pan, 6 huevos, 1 litro de leche, 2 tazas de azúcar, ralladura de naranja, esencia de vainilla, pasas de uva.


Preparación: Calentar la leche, desmenuzar el pan. Poner el pan con la leche, deshacer con un pisa papa. Dejar enfriar, y añadir los huevos, el azúcar, la ralladura, las pasas y la vainilla. Mezclar bien, y echar en un molde con caramelo. Llevar a horno 180° unos 40 minutos a baño María. Dejar enfriar y desmoldar.

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