Opinión

La villa de Padrón y Santiago Apóstol: historia de una tradición

Isaac Otero | 30 de julio de 2018

¡Villa de Padrón! Habitamos la historia de una tradición dentro de Galicia. He aquí la hermosa leyenda del Apóstol Santiago, Sant-Iago o Xacobe. Su origen se estaciona en el siglo X al modo de un espacio próximo –un “alfoz”, en lengua gallega– a la antigua Iria Flavia, brotando junto a las riberas del río Sar, el cual, hasta bien entrada la Edad Media, era navegable.

Bien sabido es que la denominada “tradición xacobea” vincula la villa de Padrón a un lugar de amarre de la “barca apostólica”, guiada por un ángel hasta conducirla desde “Haffa”, en Palestina, hasta el pueblo de Iria Flavia el cuerpo sin vida del Apóstol Santiago –siglo I–, acompañado de sus discípulos Atanasio y Teodoro. ¡Bellísimo lienzo del siglo XVIII con la “Representación de la Traslatio”! Esta histórica imagen es conocida como la “Traslatio”, la cual pervive singularmente en la Iglesia de Santiago. Acá, en su interior, se hallan dos óleos dieciochescos, pertenecientes al cabildo de Iria. Fueron primorosamente restaurados en 2003: además de la “Traslatio”, figura la Aparición de la Virgen María al apóstol Santiago.

Aparte de los lienzos, nos admiramos ante los altorrelieves de madera que pertenecen al retablo de la ermita “O Santiaguiño”: uno, representando la “Traslatio”; y otro, al apóstol Santiago cuando bautizaba a la “Raíña Lupa”, abrazada siempre entre la tradición y el inexorable mito.

Este Santaurio de “Santiaguiño do Monte” –considerado “xacobeo”– está integrado por las rocas, la casa del ermitaño, la fuente y la ermita. En la puerta oeste, he ahí el nobilísimo escudo del arzobispo Rodrigo de Luna, del siglo XV. En su interior, la imagen pétrea del Santo así como el sepulcro del canónigo Gregorio, del siglo XV. Si queremos ser fieles a la “tradición xacobea”, el apóstol Santiago predicó sobre estas poderosas rocas –las gallegas “penas”– e hizo brotar agua de una fuente cercana con su bastón.

La Iglesia de Santiago de Padrón es de estilo neoclásico, si bien dentro de sus recios muros hallamos muestras de otros templos edificados con anterioridad. Cruzamos la puerta que enlaza con el “Paseo do Espolón”. Leemos una inscripción sobre una piedra que nos evoca el templo levantado por el arzobispo Xelmírez en 1133, donde reza: “Dominus Eclesia Procurator edificavit in era MCLXXI”. Su traducción sería: “El señor procurador de la iglesia edificó en la era MCLXXI”.

Ahora estamos al lado del altar mayor. Henos ante un púlpito de una sola piedra, con la imagen de “Santiago Peregrino” –del siglo XV–, cuya pertenencia corresponde al templo de estilo gótico, que mandó edificar don Lope de Mendoza. En uno de sus altares vemos a “Santiago Apóstolo” sobre su célebre “caballo blanco”. Muy cerquita, “Santiago Peregrino”, talla del siglo XVII atribuida a José Cambino. Se trata de la conocida por “O Parrandeiro”, que cada 25 de julio es llevada en procesión a hombros de los “mozos” de la villa hasta la ermita de “Santiaguiño do Monte”. ¡“O Pedrón”! Un “ara romana”. El punto de amarre de la “barca”, bajo el altar mayor de la Iglesia de Santiago. “A Neptuno el Foro Iriense con su dinero”, frontalmente, y en latín.

Más acciones:

Crónicas de la Emigración en la red

Boletín de noticias

Si quiere recibir información actualizada de Crónicas de la Emigración, envíenos su correo electrónico.
Suscribirse al boletín

Hemeroteca