Opinión

Los viajes de Vikram Seth: “Desde el lago del Cielo”

Isaac Otero | 20 de enero de 2020

“Este libro es un relato de lo que vi, pensé y sentí mientras viajaba siendo estudiante por diversas partes de la República Popular China. No pretende ser un resumen de la situación política o económica del país, por más que a lo largo de la redacción del libro haya hecho alguna incursión en esa clase de reflexiones. Ahora bien, dados los grandes cambios producidos en el mundo sobre el que escribí hace unos siete años, he pensado que al lector de esta nueva edición podría interesarle que dijera unas palabras sobre ellos. Me resulta extraño hacerlo en un momento en que los recientes acontecimientos amenazan transformar de un modo tan profundo unos lugares y unas personas que he llegado a amar, tanto en el Tíber como en toda China”, escribe en el ‘Prólogo’ Vikram Seth, autor del libro Desde el lago del Cielo (Viajes por Sinkiang, Tíbet y Nepal), Ediciones “B”, Barcelona, 2001, dentro de la colección ‘Los libros de Siete Leguas’.

Tras la página de su dedicatoria –“A la gente que he conocido a lo largo del camino”–, Vikram Seth escribe en su capítulo I, titulado ‘Turfan: julio en el desierto’: “Las moscas han entrado en el microbús, y su zumbido aumenta la sofocante sensación de calor. Atravesamos la ciudad, unos pocos edificios de dos plantas de deprimente hormigón con oficinas del Gobierno o grandes tiendas: comestibles, ropa, herramientas. Y también pequeños puestos callejeros con mercancías expuestas en el suelo y vendedores de refrescos: vasos de líquidos rojos y amarillo bilioso que, a medida que crece nuestra sed, nos resultan cada vez más atractivos”.

Diez años antes de lograr la notoriedad con su novela Un buen partido, el escritor Vikram Seth pasó dos años en China, estudiando en la universidad de Nanjing. En efecto, fue en 1981. Deseando aprovechar el período vacacional de verano, el novelista indio determinó hacer el camino de regreso a Nueva Delhi a través del Tíbet y Nepal. Planeaba atravesar la provincia de Sinkiang y visitar el legendario “lago del Cielo”, en el noroeste del país, con el propósito de intentar después entrar en el Tíbet y alcanzar la ciudad de Lhasa. A continuación, seguiría viaje en dirección a Katmandú. El gran dilema era que viajaba haciendo “autostop” y que no albergaba la seguridad de poder eludir los máximos controles fronterizos.

He ahí cómo la narración de tan apasionante itinerario –enriquecido por las anécdotas y el brillo de las sorpresas, además de escrito con la agudeza del detallismo– obtuvo en 1983 el afamado premio ‘Thomas Cook’ de literatura de viajes. Al comienzo del texto, Vikram Seth nos ilustra con el “mapa de la ruta”. Nos invita entonces a un maravilloso periplo a lo largo de 19 capítulos. Desde Turfan nos conduce hasta el “lago del Cielo”. Dando un rodeo hacia el este, alcanza Liuyuan, entre inundaciones y banquetes. Más tarde, llega a Nanhu: un “interludio” con oasis. Revivimos la cuenca del Chaidam. En Germu, nos asombramos ante una ciudad en el desierto. Nos saluda después Qinghai meridional, en la meseta fría. He ahí el Tíbet septentrional, para posteriormente entrar en Lhasa. Ante nosotros, El Potala, Drepung, Norbulingka. Luego, “una casa en la ciudad vieja”. En Lhasa asistimos a una ceremonia junto al monasterio Sera. El postrer fin de semana será en Lhasa. A través de Shigatse… ¡Nilamu y un día entre saltos de agua! Y al cabo, Nepal, Katmandú, Delhi.

 

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