Opinión

La urbe de Vigo, la ‘Vila de A Garda’ y O Rosal

Isaac Otero | 04 de marzo de 2019

He aquí cómo un antiguo “vicus” –esto es, una pequeña población– se transformó en la mayor ciudad de toda Galicia. ¿La causa? Merced a un acelerado y constante proceso de “industrialización”, supremacía europea en el sector de la pesca y conservas, así como los movimientos “poblacionales” en dirección a la costa del Sur gallego.

El espléndido monte de O Castro al igual que la punta de A Laxe alcanzan como época fundamental del siglo XVI, cuando se originaron períodos de “construcción” y “desconstrucción” debido a las frecuentes invasiones, saqueos e incendios, agudos brotes de peste y abandonos de población. Al llegar el siglo XVII, se lleva a término la deseada fortificación. La construcción de estas viejas murallas, no obstante, significó el inexorable derribo de otras históricas edificaciones, delimitando así el espacio interior y exterior.

Comenzamos nuestro recorrido “monumental” de la ciudad de Vigo partiendo de A Porta do Sol. Hacia ella, se orientan Príncipe y Policarpo Sanz, Urzáiz y Colón. Henos delante de las “Casas de Bonín”, obra de Jenaro de la Fuente. El noble edificio “Hotel Moderno”, anteriormente llamado “Gran Hotel”, autoría del polaco Pacéwic. El teatro “García Barbón” del arquitecto Antonio Palacios y el viejo edificio de la Casa Consistorial, magníficamente rehabilitado como “Casa da Cultura Galega”, con el inestimable legado del gran “mecenas” artístico Fermín Penzol.

Caso de querer adentrarnos en el “Vigo Vello” o “Casco Vello”, desde A Praza da Constitución descendemos al “peirao” de O Berbés, pasando por “Cesteiros” o “Triunfo”, A Colexiata-Concatedral de Santa María, Mercado de A Pedra, Praza de Almeida y rúa Real. Admiramos la “Casa de Ceta”, así como los “pazos” de Figueroa y Arines. ¿Y cómo no? Este edificio cuya placa conmemorativa en la rúa Real nos evoca la ubicación de la relevante imprenta de “Juan Compañel”, donde vieron la luz las páginas de Cantares Gallegos de Rosalía de Castro en 1863, año de arranque para el “Centenario” de su publicación y la creación del “Día das Letras Galegas”.

Emprendemos rumbo a la hermosa “Vila de A Garda”, a fin de visitar el monumental “Castro de Santa Tegra”: una de las Ciudadelas mejor conservadas, amén de restauradas, de toda la naturaleza de Galicia. En su interior, nos asombramos ante una “reconstrucción”, digna de fiabilidad, de una casa “castreña” o “castrexa”. Esta época de los “castros” oscila entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C. ¡El río Miño a nuestros pies para desembocar en el océano Atlántico! Ríos y valles abrazan este inefable “Castro” que se defiende gracias a una fortificación de carácter irregular. Circulares viviendas con “patio” se agrupan en “barrios” de 8 casas y calles pavimentadas, mostrando un sistema de canalización.

Después, camino del Valle de O Rosal y el Estuario del río Miño. Henos ahora, pues, ante un conjunto etnográfico de más de 60 molinos, construidos –sobre todo los de O Folón– en esplendente cascada. Declarados “Bien de Interés Cultural”, nos ofrecen una “ruta de senderismo”, enmarcada en la belleza de la visión paisajística del “Baixo Miño”.

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