Opinión

Torre de A Lanzada y de Cálogo, Combarro y Poio

Siguiendo nuestro periplo, alcanzamos la Torre de A Lanzada: el único resto de una fortaleza construida por el obispo Sisnando en el siglo X, la cual formaba parte de un sistema defensivo contra los frecuentes ataques de piratas. Después de uno de aquellos inmisericordes ataques de los moros durante el siglo XII y tras haber sido sitiada por los grupos campesinos de ‘Os Irmandiños’ en 1467, este baluarte quedó destruido y, al fin, fue abandonado. En sus alrededores –abrazado por un bucólico emplazamiento–, nos encontramos con la Capilla de A Lanzada, de nave semicircular, ampliamente afamada debido a no pocas leyendas populares vinculadas con los ritos de “la fertilidad”.

Ya en Vilanova de Arousa, estamos delante de la Torre de Cálogo. Un antiquísimo resto histórico cuya génesis resulta muy difícil de señalar. Su pertenencia nos orienta hacia el primitivo monasterio de la Orden Benedictina de San Cipriano de Cálogo, del siglo VIII. He aquí cómo lo Torre de Cálogo se ha impuesto como símbolo de la Villa. Por entonces, el monasterio benedictino era el bastión defensivo de los barcos que intentaban invadir las deseadas costas de Galicia. Igualmente estaba en relación con otros centros de defensa, como el “mirador” de monte Lobeira o las Torres del Oeste, en tierras de Catoira.

La Torre de Cálogo fue destruida por las incursiones normandas durante los siglos IX y X. Esos restos constituyen hoy parte de los cimientos de la antigua iglesia parroquial de La Pastoriza. ¿Quién no recuerda algunos pasajes escritos por Ramón María del Valle Inclán con evocaciones de la Torre de Cálogo?

Henos ahora dentro del conjunto histórico-artístico de Combarro. La bellísima villa de Poio nos cuenta sus raíces marineras frente a la ‘saudosa’ isla de Tambo. Agraciada por sus viejas calles empedradas, Poio nos canta, en su “orillamar”, la excelsitud de sus hórreos en el corazón de Combarro. ¡Qué hermosas las escuetas plazas y las devotas casas marineras con finos trabajos de cantería! ¡Distinguidos balcones de afinidad barroca, inspirada en la arquitectura de los “pazos”!

Ante nuestros asombrados ojos, ¡la arquitectura popular reflejada en los más de 30 hórreos que aún, en mejor o peor estado, conserva! Era su primordial función la de almacenar productos agrícolas, siendo de piedra, cuyo nombre local es “palleiras”. Tal denominación nos remonta a la antigüedad, cuando se mostraban cubiertas de paja o de un similar material. El barrio antiguo de Combarro –en buen estado de conservación– se estructura partiendo de las calles de San Roque y A Rúa, que en su forma urbana nos remite al siglo XVIII.

¡Fervorosos “cruceiros”, inseparables amigos de los “hórreos”, distribuidos entre las callejuelas que elevan los motivos de religiosidad popular dentro del característico paisaje gallego! ¡El monasterio de Poio! Conjunto arquitectónico de inefable belleza. Construido merced a San Fructuoso en el siglo VII, si bien el primer documento que lo atestigua data del año 942. Monumento Histórico-Artístico, su esencial protagonismo fue durante los siglos XVI al XVIII bajo la Orden Benedictina. En 1548 se convirtió en ‘Colegio Mayor de Teología’, en el que, siglos después, impartiría clases el célebre escritor Padre Feijoo. En 1613 se creó el ‘Colegio de Pasantes’.

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