Opinión

Tierras de Viana do Bolo y del valle del Bibei

Isaac Otero | 09 de abril de 2018

 Los primeros pobladores de Viana –según nos relata la leyenda– fueron los griegos, que emprendieron la emigración tras la antigua batalla de Troya hacia el año 1119 antes de Cristo. Posteriormente llegaron los romanos, quienes, en primer lugar, explotaron estas hermosas tierras vianesas. ¿Quién podría olvidar la mina de oro de Caldesiños, la más sobresaliente de nuestra denominada ‘Gallaecia’? Una ‘via’ secundaria pasaba por Viana: la que enlazaba con la ‘Via Nova’. ¿Testimonio arqueológico? Un ‘miliario’ fue hallado en el lugar de Cepedelo.

La reina Doña Urraca –postrimerías del siglo XI–, hija de Fernando I, reside en Viana en el castillo construido en la Alta Edad Media. Su hermano Sancho II, antes de ser asesinado, trae al Cid Campeador a Viana, a fin de que lo ayude en su combate contra sus enemigos. Ya en el siglo XII, el rey Fernando II reedifica y puebla la zona alta de Viana, reconstruyendo asimismo el castillo. Si nos remontamos al siglo XIV, el rey Enrique II de Trastamara concede el “dominio y señorío” de Viana a Pedro Enríquez de Castilla, quien era conde de Trastamara, Lemos y Sarria. Durante el siglo XV Juan II otorga a los Pimentel el “señorío de la villa”. Los Reyes Católicos corroboran para los habitantes de Viana sus “privilegios y libertades”. A mediados de este mismo siglo, los vianeses –leales a la reina Isabel la Católica– padecen los ataques del rey portugués Alfonso V. En esa época se libra la cruel batalla de San Cibrao entre los condes de Lemos y Benavente. ¿Cómo no evocar aquella tradición que nos cuenta cómo el río Camba quedó teñido en sangre?

Viana, a partir de aquella época, perteneció a Fernando Osorio de Castro y a Pedro Enríquez. ¿Símbolo? Ahora estamos observando la célebre “Torre del Homenaje”. En Viana –una bella villa entre dos ríos– nos apropincuamos hasta la Plaza Mayor, donde ajusticiaron a los demócratas liberales que se sublevaron contra Fernando VII. No en vano entre los siglos XVII y XVIII Viana se adhirió a la ‘causa borbónica’ durante la llamada ‘guerra de Sucesión’. Durante la primera mitad del XVIII llega el soldado Juan de Prado, quien sería designado “alcalde perpetuo” de Viana: el mismo que, andando el tiempo, se convertiría en “gobernador general” de Cuba.

Asistimos –octubre de 1830– a un episodio político, cuando los “demócratas liberales” vianeses, en la Plaza Mayor, acaudillados por Antonio Rodríguez Bordás, se pusieron en pie de guerra para luchar contra el ‘absolutismo’ representado por Fernando VII. Al poco tiempo, no obstante, fueron reducidos por el capitán Nazario de Eguía, y ejecutados en la misma plaza. ¿Memoria de tal efeméride? Contemplamos, pues, el ‘Pilón’, monumento erigido a los rebeldes fallecidos. Sólo en el siglo XX esta villa pasa a denominarse ‘Viana do Bolo’.

Ahora nos dirigimos al santuario de ‘As Ermidas’ que, al contrario de otros centros eclesiales que acostumbran a estar en lugares altos, nos invita a descender camino abajo desde la carretera general hasta el fondo del barranco del Bibei. Arracimadas alrededor del santuario, se encuentran las casas del pueblo de ‘As Ermidas’. Nos acompañan distintas capillas de ‘Via Crucis’ del siglo XVIII con esculturas de hermosa talla.

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