Opinión

Tesis sobre las raíces negras del tango

Isaac Otero | 06 de agosto de 2018

Si recuperamos el estudio desde la perspectiva semántica y la génesis del tango, Ricardo Rodríguez Molas –dentro de su hasta entonces inédita obra titulada ‘Africanía del tango’, mencionada por el ensayista Blas Matamoro– reitera que tango es “directa y exclusivamente voz africana”. Sigue la pista de varios dialectos aún existentes en la región donde se proveía el comercio esclavista rumbo a América: Congo, las tribus del Golfo de Guinea y el Sudán meriodinal, primordialmente. Observa que en varios de ellos ‘tango’ significa ‘lugar cerrado’ , ‘círculo’, ‘coto’ y, por sentido connotativo, todo aquel espacio vedado al que se accede sorteando eso sí, ciertas condiciones previas de admisión.

“Me permito suponer”, prosigue Blas Matamoro, “que el uso de ‘tango’ en estas lenguas parciales del África llevaba al mundo de lo religioso, con la clausura y el hermetismo que son propios de cada culto, sobre todo en las comunidades primitivas”. A mayor abundamiento, el negrero llamaba ‘tanto’ a los lugares de concentración de esclavos, fuese en África o en América. Por extensión, el lugar de venta respondía a idéntico nombre. A juicio del nunca olvidado escritor y ensayista José Gobello –quien durante tantos años fuera presidente de la Academia Porteña del Lunfardo de Buenos Aires– “tanto es voz que circuló en todos los países esclavistas”. El siempre admirado filólogo y narrador José Gobello continúa: “Esteban Pichardo en su ‘Diccionario Provincial de Voces Cubanas, Matanzas, Imprenta de la Real Marina, 1836, (página 242), definió: ‘Tango, N.s.m. Reunión de negros bozales para bailar al son de tambores o atabales. En Buenos Aires se llamó ‘tango’, ya a comienzos del siglo XIX, a las casas donde los negros realizaban sus bailes. Probablemente, tanto sea una voz de origen portugués, introducida en América a través del ‘crêole’, afroportugués de San Thomé y llegada España desde Cuba”.

Por otra parte, el ensayista Ricardo Rodríguez Molas constató la existencia de una ‘cada de tango’, vigente en 1802 en Buenos Aires. En el primer tomo de la ‘Historia del tango’, editada en varios volúmenes por el sello ‘Ediciones Corregidor’, recuerda que Jorge Alberto Bossio comunicó a la Academia Porteña del Lunfardo la referencia a una nota suscrita por Bernardino Rivadavia el 21 de octubre de 1821, en la cual se disponía que la autoridad policial expresara a los ‘morenos’ congos Juan Duval y José Antonio Peña para el desagrado del superior gobierno ante la solicitud de que se permitiera la colección de limosnas con destino a una institución de ayuda mutua en un establecimiento denominado ‘Tango de Bayle’.

Lauro Ayestarán, corroborando esas tesis acerca de las raíces negras del tango rioplatense, señala: “A principios del siglo XIX, el Cabildo de Montevideo certifica la presencia de ‘candombes’ a los que llama indistintamente ‘tambos’ o ‘tangos’, prohibiéndolos en provecho de la moralidad pública y castigando fuertemente a sus cultores. Terminada la segunda invasión inglesa, el gobernador Francisco Javier de Elío convoca al Cabildo el 26 de noviembre de 1807 y, de consuno, resuelven ‘sobre tambos bailes negros…’ Que respecto a que los bailes de negros son por todos motivos perjudiciales, se prohíban absolutamente dentro y fuera de la ciudad y se imponga al que contravenga el castigo un mes a las obras públicas”.

 

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