Opinión

Técnicas de rodaje y decorados en los inicios del “cinema”

Isaac Otero | 01 de febrero de 2021

“Uno de los más notables inventos realizados también en aquel entonces fue un mejoramiento escenográfico que ahorra caucho, combustible, automóviles, películas, trabajo y tiempo. Este dispositivo, que ganó el premio académico de la Industria Cinematográfica, era la ilusión del mar, del cielo y de las nubes en un estudio, haciendo innecesario que la Compañía se traslade de lugar en busca de escenarios propios y reales”, nos hace recordar el cinéfilo Jesús Basañez Arrese en su libro Rodolfo Valentino. En el 25º Aniversario de su muerte, Bilbao, agosto de 1951.

De manera que las nubes y las olas se pintan en pantallas de cristal movibles que –reflejadas mediante espejos– producen una ilusión tan exacta y cercana a la realidad que, al decir de algunos, alcanzó a causar, inclusive, mareo en algunos actores. Asimismo, ¿y cómo pasarlo por alto?, un técnico de maquillaje descubrió que una variedad de alga muy fina constituía un magnífico sucedáneo de las barbas postizas, sustituyendo así al pelo humano, que luego se utilizó para los “visores” de artillería y aviones de caza y bombardeo. Igualmente, otro maquillador inventó una máscara plástica plegable que suplanta a las máscaras de caucho, anteriormente empleadas.

Evoquemos cómo un operador ideó un “elevador y transportador de cámaras” que era capaz de realizar el trabajo de tres personas. Un carpintero incluso creó un papel para el suelo que en la pantalla se asemeja a una espléndida alfombra. Un químico también logró una sustancia para hacer telarañas artificiales, anteriormente simuladas con caucho. Ahora bien, si son muchísimos los ‘trucos’que podemos ver en el ‘cine’, no todas las hazañas que se llevan a cabo en la pantalla eran dispuestas en el sosiego del laboratorio. En la realidad existen, de modo que los artistas son quienes las consiguen, a los cuales obligan las exigencias del “escenario” o “argumento” del “film”.

“El artista de cine ha de reunir –señala en su obra Jesús Basañez–, por su parte, a una figura atractiva, un rostro expresivo y capaz de exteriorizar todas las emociones, así como presteza de gesto, pues el cine es, por así decirlo, la exaltación y perfeccionamiento del mismo”. Ciertamente, debe identificarse por completo con el personaje que ha de encarnar, además de tener un rosto fotogénico, es decir, estar dotado de las cualidades que necesita tener, para moverse sin apariencia de preocupación, delante del “objetivo”; asimismo, para que la fotografía proyectada en la pantalla resulte plena de armonía.

Reflexionemos en aquella época de “películas mudas”: para cubrir el constante sonsonete de la cabina de proyección, las representaciones insertaban orquestas “colosales” así como “potentes” coros, que actuaban próximos a la pantalla y dejaban oír las melodías de, por ejemplo, ‘En el jardín del monasterio’. Desde luego que el “cinema” durante aquellas “calendas” no era menos inteligente que en el presente. Y nos hallamos así con la “película sonora”. ¡El ruido durante los años de 1928 a 1930! Edison había mostrado películas “parlantes” ya en 1913. Asimismo, Lee de Forest había ensayado un sistema denominado “fonofilm” en 1921.

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