Opinión

El tango ‘Malena’ de Homero Manzi: mito y realidad

Isaac Otero | 11 de diciembre de 2017

“Malena” deja de ser “Malena” para escuetamente ser Elena Tortolero de Salinas. Y con su esposo Jenaro Salinas vuelve a Buenos Aires, cuando lo contratan como cantante, “Radio El Mundo” así como los “Discos Odeón”. De modo que la capital porteña, la cuna de Elena, junto a la tierra cubana de su marido, se hallan en el culmen del amor apasionado del tango. La “reina del Plata” será, pues, su residencia habitual. Jenaro Salinas también emprende nuevos rumbos americanos con la sal y la gracia de sus “boleros”. Sin haber transcurrido mucho tiempo, a Elena le llegará la infausta comunicación de la muerte trágica de su esposo en Caracas, en 1957. En Buenos Aires ella recibirá sus restos: sus compañeros y amigos argentinos respetuosamente lo acogen en el “panteón de artistas” situado en el cementerio de la “Chacarita”.

“Roberto Palmer, primera voz de ‘Los Cantores de Quilla Huasi’, al lado de su esposa Elsa, trabaron una íntima amistad con Elena Tortolero, hasta el punto de que convivieron con ella en un departamento de la calle Maipú de Buenos Aires”, escribe Francisco García Jiménez –el delicado compositor y tangófilo– en su exquisita obra titulada Así nacieron los tangos, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980. El cantor Roberto Palmer le confió así las evocaciones con la nostalgia de aquellos días. “Desde que la traté, no oí que ella le dijera a nadie que era la ‘Malena’ del tango. Y si lo canturreó maquinalmente, alguna vez, en la intimidad, se interrumpió en seguida con la voz velada por la tristeza. No era la tristeza por haber dejado de ser la ‘Malena’ cantora, sino la de comprobar la huida de la juventud”.

“Me duele la vejez” –confesaba entre lágrimas al cantor Roberto Palmer–. “Y más le dolía porque su medio era la de ‘representante de artistas’, profesión a la cual suelen arribar no pocos artistas en el ocaso”. Y agregaba Palmer: “En el trajín de las contrataciones del ‘varieté’, a finales de 1959, Elena Tortolero viajó a la República Oriental estando yo de gira por nuestras provincias. Ni sé cómo pudieron ubicar a mi mujer en Buenos Aires para darle la mala noticia. Elena había muerto de un edema pulmonar y su cadáver estaba en la ‘morgue’ de Montevideo. Mi mujer fue allá inmediatamente, reconoció el cadáver, se hizo cargo del traslado y logró que la sepultaran en el nicho de su esposo Jenaro Salinas”.

“Esto es todo y ésa es –o fue– Malena”, nos recuerda Francisco García Jiménez, añadiendo: “Una mujer que Buenos Aires recién conoció en la vida común, con nombre y apellido ajenos al simple nombre que dio título a un tango, más acá del instante milagroso en que un poeta como Homero Manzi la hizo heroína melódica en labios de la gente”. ¿Quién podría olvidarse de aquella estrofa?: “Tu canción/ tiene el frío del último encuentro,/ tu canción/ se hace amarga en la sal del recuerdo”. La mayoría de las gentes jamás conocieron ni conocerán cómo ella, “Malena”, cantaba.

¿Y cómo pasar por alto la labor investigadora que el gran Horacio Salas cristalizara en su magna obra Homero Manzi y su tiempo, editada por ‘Vergara’, Biografía e Historia, Buenos Aires, 2001? Y retornamos a los versos del mítico tango: “Tal vez allá en la infancia su voz de alondra/ tomó ese tono oscuro de callejón./ O acaso aquel romance que solo nombra/ cuando se pone triste con el alcohol./ Malena canta el tango con voz de sombra./ Malena tiene pena de bandoneón”.

 

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