Opinión

El tango ‘Malena’, Homero Manzi y Lucio Demare

Isaac Otero | 27 de noviembre de 2017

“Malena canta el tango como ninguna/ y en cada verso pone su corazón./ A yuyo de suburbio su voz perfuma;/ Malena tiene pena de bandoneón…”¿El autor de esta estrofa? Homero Manzi, nacido en 1907 y fallecido en 1951, apenas habló acerca de la protagonista de su celebrada composición cantable. Tan poquito que no le preocupó el hecho de que no pocos lanzaran historias por su propia cuenta y riesgo. Después de todo, ¿quién era Malena? La célebre Azucena Maizani cantó y grabó el tango nada más ver la luz. Hubo quien le otorgara por musa inspiradora. Pero no era cierto. Tampoco faltaron voces que afirmaban que Malena no era sino un trasunto de la cantante Nelly Omar. Otra nueva versión afirmaba que Malena era una ex-corista del teatro ‘Maipo’, quien tuviera deseos de ser cantora solista y que residía en la calle Esmeralda, junto al mismo teatro. Pura especulación. Asimismo la verosimilitud circulaba en torno a una mujer brasileña. Ahora bien, ¿brasileña y, a la vez, cantando el tango “como ninguna”?

Era difícil creerlo y, sin embargo, fue la teoría que más se apropincuaba a la verdad. El caso es que, siendo argentina e hija de andaluces la protagonista del reconocido tango –Elena Tortolero era su nombre y apellido–, vivió en Brasil desde su infancia, ya que su padre fue designado cónsul de España en la ciudad de Porto Alegre. Esmerada fue su educación, vivida tanto en el idioma natal como en la lengua portuguesa. Idónea su voz para el canto popular, se inclinó a cultivarlo durante su juventud, adoptando el nombre artístico de ‘Helena de Toledo’ y descollando en el mundo de la radiofonía y el tablado escénico. Así, en un teatro de Porto Alegre introdujo en su repertorio y con enorme personalidad la garra y la nostalgia poética del tango. El público recibió esa modalidad en la capital de Río Grande do Sul, cuyas canciones regionales se sustanciaban en mucho con las argentinas. Y una noche, entre sus oyentes, se hallaba un argentino –exquisito poeta tanguero– para quien la cancionista que él rebautizaría como ‘Malena’, resultó –muy lejos de Buenos Aires– un tesoro emocional, asimilado a la canción porteña, mostrada con apasionada autenticidad física y espiritual: “Tus ojos son oscuros como el olvido,/ tus labios apretados como el rencor,/ tus manos dos palomas que sienten frío,/ tus venas tienen sangre de bandoneón…”

Tales versos fueron en un rapto escritos por el gran Homero Manzi en su viaje de retorno a Buenos Aires, completando el que, desde Centro América, tuvo escala en Brasil. Ya en la capital porteña, con su estructura literaria del tango-canción, Manzi pone su letra en manos de Lucio Demare, nacido en 1906 y extinto en 1974, el afamado pianista y compositor popular, quien le adapta una “pegadiza” melodía. Y desde Demare aquel flamante tango viaja hasta el único Aníbal Troilo, quien lo estrena con su orquesta y la voz de su cantor Fiorentino en el inmediato Carnaval de mediados de febrero de 1942. “Precisamente su registro en el fichero de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores data de veinte días después del estreno: el 6 de marzo”, señala el compositor y tangómano Francisco García Jiménez en su obra Así nacieron los tangos, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

Todavía sin haber llegado al conocimiento de ‘Helena de Toledo’ el tango que ella había inspirado, se traslada desde Brasil a Cuba, contratada para una serie de actuaciones. Y en “la perla del Caribe” traba amistad con el cantante Jenaro Salinas…

 

 

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