Opinión

El señor Ventura Cerqueira y las nuevas fábricas conserveras

Isaac Otero | 21 de noviembre de 2016

“La larga gestión de Ventura al frente de la empresa familiar estuvo lógicamente dividida por la censura que para la economía española significó la Guerra Civil. Durante el período previo a ella ‘Sucesores de J. B. Cerqueira’ mantuvo una única planta, la de Coia, en la que fue aumentando la producción de forma lenta pero constante, de forma que, según una encuesta de la ‘Unión de Fabricantes de Conservas’ del año 1932, se encontraba ya en el grupo de las diez primeras conserveras gallegas. Detrás de ‘Alonso’ y ‘Massó’, ‘Curbera’ y ‘López Díaz’, ‘Albo’ y ‘Gándara y Haz”, escribe el profesor de la Universidad de Santiago de Compostela Xoán Carmona Badía en su imprescindible estudio monográfico titulado Los Cerqueira. Cuatro generaciones de fabricantes sobre la playa de Coia.
Es preciso señalar que sus producciones prosiguieron durante la década de 1920, manteniendo una gran presencia dentro de los mercados exteriores. De suerte que, a partir de la denominada ‘Gran Depresión’ de 1929, pasó a reorientarse –como acontece para el conjunto del sector conservero– hacia los consumidores españoles. De todos modos, la voluntad del señor Ventura estuvo exclusivamente volcada en la fábrica de Coia: conservar la política de comprar el pescado en el mercado y soslayar la “integración vertical”. Además de ello, sin “diversificar” su actividad hacia la pesca del “fresco” u otras actividades relacionadas. Así aumentó su producción, duplicando la de la fábrica que su hermano mayor Antonio J. Cerqueira había heredado en Canido, la cual comercializaba –sobre todo en Argentina– la marca de sardinas ‘Aperitivas’.
“El estallido de la Guerra Civil y los problemas de abastecimiento de sardina que se producen durante las décadas de 1940 y 1950 marcaron una nueva época para la industria conservera gallega –asevera el reconocido profesor Xoán Carmona–. Los Cerqueira se adaptaron extraordinariamente bien al nuevo contexto, y mejoraron incluso su posición dentro del conjunto del sector”. Conviene recordar que, al inicio de la Guerra Civil, se dio la oportunidad de vender al ejército. Luego, a la escasez de hojalata y aceite que, primeramente la Junta de Burgos, y después los organismos reguladores del Gobierno del general Franco, intentaron resolver merced a un sistema de ‘cupos’ a cada empresa, basados en las producciones de preguerra, el señor Ventura se percató de que la adquisición de otras fábricas podrían así acrecentar el ‘cupo’ propio.
Así, pues, con tal finalidad se hizo ya en 1937 con una fábrica en la localidad de Cambados –que, al siguiente año, vendería a la firma ‘Pereira y Peña’– y, algún tiempo después, con otras situadas en Santander y Asturias: Santoña y Cudillero. Mediada la década de 1940 –cuando la sardina desapareció de las rías gallegas– trató de “diversificar” la producción hacia los moluscos, estableciendo otra planta en Santa Uxía de Ribeira y dedicando la planta de Santoña a la anchoa. He ahí una política que en la década de 1950 completaría con su instalación en la provincia de Castellón, con el propósito de elaborar igualmente anchoa y sardina del Mediterráneo.
De tal manera que, hacia 1946, una vez transferidos los ‘cupos’ de Cambados y Cudillero a las plantas de Ribeira y Vigo, ‘Conservas Cerqueira’ –desde 1942 ‘Sociedad Limitada’– ocuparía uno de los primeros puestos del sector.

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