Opinión

‘Romancero del topónimo fueguino’, obra de Juan E. Belza

Isaac Otero | 29 de marzo de 2021

“La historia de los topónimos fueguinos de la zona argentina también se enreda en parte en esta madeja de características universales. Y digo en parte porque Tierra de Fuego ofrece una nomenclatura todavía en desarrollo. En el momento actual subsisten en la isla espacios deshabitados, accidentes anónimos y nombres populares fijos o en asentamiento”, escribe Juan E. Belza en su obra Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones históricas ‘Tierra de Fuego’, impreso y editado en Argentina, 1978.

La ilustración de la portada del libro nos obsequia con la contemplación del cuadro de Salaverría, existente en la Diputación de Guipúzcoa en San Sebastián, España. He aquí cómo representa el momento en que Elcano desembarca en Sevilla después de su travesía, dispuesto a cumplir su promesa a la Virgen. En su página 2 nos deleitamos con el mapa del archipiélago tomado de la carta del Instituto Geográfico Militar argentino, edición de junio de 1968 (Escala 1:5.000.000)

Tras un “preludio templador”, Juan E. Belza establece un amplio y diverso contenido temático. “A la fecunda memoria del sacerdote salesiano rionegrino doctor Raúl Agustín Entraigas –expresa a su dedicatario–, precursor de la historiografía y de las letras fueguinas”. Inicia el texto –siempre acompañado de excelentes ilustraciones, mapas y fotografías– con el capítulo “Moza tan fermosa/ no vi en la frontera”. Luego vendrá “Busca Fernán de Magallanes la encrucijada sureña”. El inefable periplo continúa con “Romances de Juan Sebastián Elcano” y “las angustias de Pedro Sarmiento de Gamboa” –apellidos de marinos pontevedreses de tan rica resonancia gallega– y “Doblan el cabo de Hornos Jacobo Le Maire, Cornelio Schouten y la flota de Nassau”. Prosigue con “Los Nodal rodean la isla feguina” –nuevamente el apellido de otro célebre marino gallego, todos ellos bien estudiados por el ilustre profesor Xosé Filgueira Valverde– y “Romances de corsarios maluines”.

A continuación, se nos revela el capítulo “Las exploraciones de Jaime Cook”, así como “El teniente Elizalde rastrea asentamientos de ingleses”. Nos hallamos ahora ante el “interludio blanco y celeste de la patria nueva”. Escuchamos el “Romance de la ‘Beagle’ y el capitán Fitz Roy”. Después tendremos noticia de las “Hazañas de Henry Foster tras los infortunios de Luis Vernet”. Asimismo conocemos “El misionero anglicano y su gente yamana”. Leemos el “Romance heroico de la Armada”.

Henos, pues, ante “La Romanche y el paso de Venus”. ¡Ay, “la aventura de Julio Popper”! Naturalmente, el inevitable homenaje que con gratitud rinde a “La Misión salesiana”. Igualmente nos brinda los capítulos “Otón Gustavo de Nordenskjöld, el “Romance del poblador fueguino” y el emocionado “Epílogo de nostalgia y esperanza”.

Al cabo, Juan E. Belza no olvida los “principales repositorios consultados”, regalándonos un gratificante “Indice de topónimos”. Un seductor dibujo: el de un “ona fueguino” –los nativos de la tierra–, grabado de R. Paoletti para el libro de G.A. Raggi, publicado en Milán en 1896.

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