Opinión

‘Rodolfo Valentino’, obra de 1951, de Jesús Basañez Arrese

Isaac Otero | 07 de diciembre de 2020

“Nuestra labor es mucho más modesta: se trata, sencillamente, de recoger en un volumen un puñado de fotografías y, junto con algunos datos de sabor anecdótico y vario, exponer algunas consideraciones personales que nos ha sugerido su memoria. Todo ello con motivo de cumplirse ahora el veinticinco aniversario de su fallecimiento, acaecido, como se sabe, en Nueva York el 23 de agosto de 1926”, escribe en su ‘Prefacio’ Jesús Basañez Arrese en su libro Rodolfo Valentino, Bilbao, agosto, 1951.

Estima Basañez Arrese que Rodolfo Valentino siempre manifestó un corazón grande y generoso para con las necesidades sociales de sus semejantes. De ese desprendimiento económico podrían hablar los Pacciolo, los Tedeschinni, además de otras muchas familias de la colonia italiana de Nueva York. No olvidemos que Mr. Sesenck –su ‘mánager’– aseveraba que “Sheik”, como familiarmente nombraban a Valentino, dejó únicamente una fortuna de 500.000 dólares, cuando se sabe que ganaba al año más de un millón. “Era muy generoso y daba a todo el mundo más de lo que empleaba para sí propio”, afirmaba su ‘mánager’.

Fueron, no obstante, despiadados los ataques de sus detractores, como en el caso de figuras de la talla de “Ruddy”, en medio de aquella atmósfera de frivolidad. En la primera parte de la obra establece su lucha, sus triunfos, su muerte y su gloria. Observamos las fotografías –en blanco y negro, claro es– en que Valentino exhibe su “método” de ejercicios físicos para mantenerse “en forma”. ¿Y cuál era su nombre completo? Rodolfo Alfonso Raffaelo Pierre Filibert Glugiemi di Valentino d’Antonguolla, quien había visto la luz en la ciudad de Castellanetta, provincia de Lecce, en Italia, el 6 de mayo de 1895. ¡Y era el hijo diecinueve de un albéitar! Acaso por razones económicas o ansias aventureras, embarcó para Nueva York, cuando tenía dieciocho años. Dentro de su cabeza existía una idea persistente: ensanchar en América sus conocimientos agrícolas e instalar, más adelante, alguna granja en las costas del Pacífico.

Su primera ocupación fue la de jardinero. Mientras alternaba con sus trabajos, satisfacía su anhelo de dedicarse al baile. Pronto hizo su “debut” en un “club” nocturno de Broadway con bailes profesionales, iniciándose con el “tango”, acompañado de la hermosa bailarina, tan afamada en su época, Bonnie Glass. Con posterioridad, pasó al “Ritz” en compañía de la célebre artista Joan Sawyer, donde se expandían exhibiciones coreográficas. En 1921 –a los veintiseis años– interpretó su película cumbre ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’, obra basada en la notoria novela del escritor español, el levantino Vicente Blasco Ibáñez. Fue dirigida por Rex Ingram; al lado de Valentino, figuraron Alice Terry, Wallace Beery y Stuart Holmes.

Después vendrían ‘El diablo santificado’, ‘Monsieur Beaucaire’, ‘La dama de las camelias’, ‘Cobra’, ‘Sangre y arena’ –asimismo basada en la novela de Blasco Ibáñez– y ‘Más allá del amor’, con Gloria Swanson. Valentino, junto a su esposa Natacha Rambova, recorre, aclamado, la geografía de Norteamérica. “De absoluta necesidad han sido en mi obra la destreza gimnástica y la opulenta fortaleza física”, solía decir Valentino. Tras rodar ‘El hijo del Caid’, falleció de apendicitis en Nueva York.

Más acciones:

Crónicas de la Emigración en la red

Boletín de noticias

Si quiere recibir información actualizada de Crónicas de la Emigración, envíenos su correo electrónico.
Suscribirse al boletín

Hemeroteca