Opinión

Robert Louis Stevenson y ‘En los mares del Sur’

“A primera vista, En los mares del Sur no es otra cosa –y ello, por sí mismo, no resulta poco– que uno de los más apasionantes, exquisitos y enriquecedores libros de viajes que se hayan escrito jamás. A primera memoria, igualmente, Robert Louis Stevenson no es otra cosa –y tampoco sería el suyo mérito escaso– que el autor de algunos de los más perfectos libros de aventuras de los que se haya podido gozar en la última centuria”, escribe en el ‘Prólogo’ titulado ‘Stevenson y la crónica del colonialismo’ el escritor argentino Horacio Vázquez-Rial al frente de la edición del volumen En los mares del sur (“Relato de experiencias y observaciones efectuadas en las islas Marquesas, Pomotú y Gilbert durante dos cruceros realizados en las goletas ‘Casco’ (1888) y ‘Equator’ (1889)”, Ediciones B, S.A., Barcelona, 1999.

Hemos de recordar que Stevenson vivió cuarenta y cuatro años –de 1850 a 1894–, gozando de una visión directa del mundo mucho más amplia que la de sus contemporáneos. Porque, ciertamente, La isla del tesoro significa una inteligente obra de iniciación. Asimismo, La flecha negra es un paradigma de novela “histórica”, pese a las acostumbradas limitaciones del género. Si bien, en no pocos aspectos, superior a los del “padre fundador”, el también escocés Walter Scott, autor de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde.

En los mares del Sur, en una síntesis apresurada, resulta ser el producto de un antropólogo de campo en el que una inteligencia tan filosa como ingenua sustituye con ventajas a las perversiones ópticas propias de la formación académica”, subraya el novelista y ensayista Vázquez-Rial. Robert Louis Stevenson, como es natural, al comenzar su viaje por las islas del Pacífico, no había planificado ninguno de los enigmas que en nuestros días nos planteamos respecto de la lógica de la expansión europea de los siglos XV al XIX. Como inocente, aunque sabio, antropólogo, inquiría acerca de la diferencia en la igualdad, y la igualdad en la diferencia. Cuando quiere explicar sus conflictos de comprensión y comunicación con los habitantes de las islas Marquesas, los métodos que empleó para interpretar a quienes tenía delante, él afirma: “Aún más importante para mí fue el conocimiento adquirido en mi juventud de nuestros escoceses de las Highlands y de las Islas”.

“Cuando yo deseaba conocer cualquier detalle relativo a la vida de los salvajes o a sus supersticiones –confiesa Stevenson–, recordaba la historia de mis padres y comparaba lo que deseaba saber con cualquier otro rasgo de barbarie análogo: la cabeza del toro negro de Storling me proporcionó la leyenda de ‘Rahero’, y lo que ya sabía de los Cluny Macpherson o de los Appin Stewart, me permitió conocer y me ayudó a comprender los ‘Tevas’ de Tahití”.

A Stevenson le atrae la figura del trader: el osado comerciante que viaja con unas costumbres, una Biblia y, sobre todo, con unas botellas de alcohol. E igualmente le seduce “el misionero”, para ordenar en una nueva forma los campos. “El sello de su estilo –señala Vázquez Rial– es el perpetuo paso de ida y vuelta, de lo lírico a lo más crítico”. Los nativos lo llamaban “Tusitala”, esto es, “el narrador de cuentos”.

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