Opinión

La ‘Revista Policial del Perú’: Centenario del General San Martín

Isaac Otero | 23 de noviembre de 2020

“Año del Libertador General San Martín. El General don José de San Martín, Libertador del Perú, murió el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia. Sus restos fueron repatriados a Argentina, en 1880, descansando desde entonces en un mausoleo, en el interior de la Catedral de Buenos Aires”, estoy leyendo en la Revista Policial del Perú, julio-agosto de 1950. Año XIX, nº 206. Año del Libertador General San Martín. Ministerio de Gobierno y Policía. Servicio de Prensa y Publicaciones Técnicas de la Policía.

“Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas –escribió San Martín en ‘Proclama a los peruanos’–: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus Gobiernos”. Don José de San Martín y Matorras aquel 17 de agosto de 1850 falleció en una habitación, sobriamente amueblada, del piso alto de la casa nº 105 de la ‘Grand Rue’, de la ciudad de Boulogne-sur-Mer, frente al Canal de La Mancha, en las tierras del noroeste de Francia. En ella se hallaban reunidas siete personas. “Por la ventana abierta, y a través de las persianas entornadas, llegaba de vez en cuando un ligero soplo de brisa refrescada en las aguas del Canal de La Mancha”, leemos en las cálidas páginas del artículo firmado por el profesor José de Benito, cuyo título es ‘José de San Martín. El Vencedor Humilde’.

A lo largo de este artículo –reproducción de El Comercio de Lima, del 13 de agosto de 1950– el profesor de Benito rinde homenaje al Prócer del Perú, evocando su historia y su leyenda, sin olvidar sus preclaros pensamientos: “…Yo deseo que todos se ilustren en los sagrados derechos que forman la ciencia de los hombres libres”. Con motivo del Centenario que por entonces se conmemoraba, la Unesco rindió con justicia su pleitesía: “Tenía una gran cultura, hablaba con igual facilidad el español, el francés, el inglés y el italiano, y decía siempre: ‘Por encima de todo, la verdad”.

“La política que me propuse seguir fue mirar a todos los Estados americanos en que las fuerzas de mi mando penetraran como Estados hermanos, interesados en un mismo y santo fin”, escribió Don José de San Martín, el Libertador de Argentina, Chile y Perú. Recordemos que el General, incluso en plena lucha –al llegar el 8 de septiembre de 1820 a la tierra peruana, para ofrecerle al Perú su libertad– se dirigió a sus soldados en términos que pocas veces han empleado los generales en vísperas de combate. Pues, en efecto, en lugar de exaltar a sus hombres con promesas de botín, con laureles de conquista o con la exaltación del odio hacia el enemigo, se trata del hombre el que habla por su convicción más profunda, por su inalterable amor a la libertad. En la proclama al ejército no se manifiestan estridencias de clarín guerrero, sino la nota cordial y humana del hombre culto, ciudadano del mundo que intenta paliar los daños inherentes al conflicto armado: “Acordaos que vuestro gran deber es consolar a América, y que no venís a hacer conquistas, sino a libertar pueblos”.

En esta misma publicación observamos la reproducción del óleo de B. Kronstand y el pintado por la hija de San Martín, del Libertador en su ancianidad. Asimismo, el óleo ‘San Martín y O’Higgins’, obra de J. Vila y Prades.

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