Opinión

‘El reino de este mundo’, Alejo Carpentier y Varela Bran

“La novela, que abarca unos sesenta años de la historia de Haití, vista y vivida por uno de sus protagonistas. Ti Noel, está dividida en cuatro partes que corresponden con otras tantas etapas de la historia de la isla. Ya en el comienzo nos enfrentamos con el tema central del texto, la estratificación clasista y el ciclo de la lucha. Desde este punto de vista, la novela tiene todas las características de un drama social, comparable con Ecué Yamba O! Se inicia en la época de la colonia con la lucha del negro por obtener su libertad y culmina en la dictadura de los mulatos. En relación con Los pasos perdidos y con Ecué Yamba O!, en las que se presenta la trayectoria de un héroe, El reino de este mundo representa la gesta de un pueblo”, escribe María del Carmen Varela Bran en ‘Historia y magia’, perteneciente al capítulo IX ‘El ciclo de la lucha entre el blanco y el negro en El reino de este mundo’, dentro de su tesis doctoral Funcionalidad de las claves estéticas del realismo mágico en la novela hispanoamericana, publicada por la Excma. Diputación de Pontevedra, 1995.

Como sabiamente nos explica la profesora Varela Bran, la novela manifiesta la “confrontación positiva” –permanente en la estructura del texto– que se relaciona con los contextos raciales: blanco frente al negro. Y con los sociales: amo frente a esclavo. Al inicio de la novela, se nos hace presente la carencia de libertad del pueblo negro de Haití. Todo el desarrollo de la acción se halla al servicio del “ciclo de la lucha”.

“El dios de los blancos ordena el crimen. Nuestros dioses nos piden venganza”, leemos en la novela El reino de este mundo, Editorial Seix Barral, Barcelona 1983. Este proceso comprende dos ciclos: el que comienza con la cruzada del veneno y termina con la libertad del negro: “Aunque marcado por dos hierros, Ti Noel era un hombre libre”, dice el narrador. Y asimismo la fusión de “las dos magias”. Porque, mientras el blanco usa el poder material, el negro se vale de su capacidad mágica. “Vencido el poder blanco –asevera la profesora Varela Bran–, el negro será sometido, con los mismos rigores, por sus hermanos de raza”.

Ahora bien, el “segundo ciclo” nos revela “la caída de Henri Christophe, el antiguo cocinero de La Corona”. Pues el lema del dictador negro era: “Dios, mi causa y mi espada”. Él intentó construir en Santo Domingo un verdadero reino a la manera europea. Adopta un ceremonial y unas costumbres que lo empujan a reemplazar la magia negra “vodú” por la religión del hombre blanco. A criterio del profesor Rodríguez Monegal, “la línea general de la novela es la histórica; sus partes aparecen articuladas sobre las figuras de Mackandal, Bouckman, Paulina Bonaparte y Henri Christophe”. No obstante, según Varela Bran, “estos personajes principales alteran la perspectiva histórica a favor del espacio narrativo”.

“Ti Noel es el testigo prometido, del cual se vale el narrador para lograr la credibilidad del universo mágico”, nos señala la doctora Varela Bran. Asimismo, en el apartado correspondiente, analiza “El levantamiento de los esclavos y la figura del jamaiquiano Bouckman”, quien es el protagonista de la segunda parte del ciclo: “Ahora las Grandes Loas favorecían las armas negras”.

 

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