Opinión

‘A Praza do Obradoiro’ de Compostela y su evolución

Isaac Otero | 24 de febrero de 2020

“Son os reis, o Cabido e algún arcebispo os que acumulan ese poder. Moitas das obras emprendidas polo Cabido ou polos arcebispos teñen como ideal destacar ou salientar a importancia da Catedral para exaltar a figura do Apóstolo como patrón de España, patrocinio que por veces estivo a punto de perigar. Cabido, Fonsecas e Coroa compiten así por un prestixio que se traducirá no levantamento duns edificios que serán emblemáticos para esta cidade e todos coinciden na volta dun mesmo lugar: a “Praza do Obradoiro”, escribe Manuel Vilar en su Praza do Obradoiro, ‘A Nosa Terra’, ‘Concello’ de Santiago de Compostela, 2005.

Porque la principalísima gran obra que se emprende –y con la cual Santiago va a entrar en la Edad Moderna– será la del “Hospital Real”: una obra de patrocinio real que, además, significa la entrada en Galicia de una nueva estética que venía acompañando el novísimo poder central dentro de la “castellanización” de nuestra Tierra Gallega. Uno de estos espacios que va a modificar de raíz la imagen de Santiago –y que empieza a configurarse como tal a caballo entre la Edad Media e inicios de la Edad Moderna– es la monumental ‘Praza do Obradoiro’.

La plaza comienza su trazado con el levantamiento del “Hospital Real”, que no sólo va a cubrir uno de los laterales de la futura plaza con una extensa fachada. Esto implica que habrá de tener delante un enorme espacio, para que tal fachada pueda destacar. De tal manera que “desfigura” un antiguo barrio medieval: el de la “rúa da Trindade”, con capilla incluida. Otro nuevo aparece –más vinculado a la realeza– y articulado en torno a la actual “rúa de San Francisco”. En este barrio se hallaba el palacio donde se hospedó Carlos I, cuando celebró Cortes en la Ciudad, camino de su coronación como emperador de Alemania.

Esta “ordenación” asimismo se realiza merced a la cercanía del “Pazo Arcebispal” que contribuye a realzar la esquina nordeste de la plaza y parte de la “rúa San Francisco”. Lo cual permite el acceso –por debajo del denominado “Arco do Pazo”– a la gran plaza de parte de la “Acibecharía”. Ello continúa uno de los ejes fundamentales de la ciudad: el que venía demarcado por el “Camino Francés”, seguía después hacia la “Porta das Hortas” y descendía por la “rúa” del mismo nombre, la cual se formó junto al camino en dirección a la villa de Noia y tierras de Fisterra.

Es preciso recordar que los otros elementos que delimitan la plaza son –además del Hospital y del ‘Pazo Arcebispal’– el ‘Pazo de Raxoi’, el ‘Colexio de San Xerome’ así como la parte occidental del claustro de la Catedral, junto con la bajada hacia la “rúa das Hortas” y la “rúa” que desciende entre San Xerome y Raxoi. Ahora bien, ninguno de estos elementos “encuadra” rectamente con el otro. De ahí que los ángulos visuales y las perspectivas se nos manifiesten diversas. Ciertamente, elemento clave en la “configuración” de la plaza es la escalera de acceso a la Catedral. Su diseño, a principios del siglo XVII, se debe a la autoría del arquitecto andaluz Ginés Martínez de Aranda. Su función no era sólo facilitar el acceso al majestuoso templo, sino enaltecer simbólicamente la elevada posición del mismo, logrando, a la vez, un eje de simetría con la plaza.

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