Opinión

La portada del ‘Hospital Real’ de Compostela

Isaac Otero | 20 de abril de 2020

“Esta parte dianteira veríase reforzada por un espazo ou praciña delimitada por uns fermosos marcos ou piares pétreos unidos por unha cadea e que serían o gromo da futura praza do Obradoiro”, nos indica Manuel Vilar Álvarez en su monografía A Praza do Obradoiro, colección ‘Arte na Pedra’, Ediciones ‘A Nosa Terra’, ‘Concello’ de Santiago de Compostela’, 2005. 

Fue en 1543 cuando los pilares fueron instalados, tras difíciles y prolongadas negociaciones con el Ayuntamiento santiagués, a fin de que le concediese ese trozo de terreno, lo cual haría en 1532. Precisamente ese trozo de terreno es la simiente de la que brotaría la plaza de ‘O Obradoiro’. La portada de ‘O Hospital’ se encuentra concebida como un paño que oculta la arquitectura. Su función es la de un arco de triunfo en el que los ciudadanos y los numerosos peregrinos que hasta acá llegaban tuviesen no sólo una imagen de que esto era un hospital, sino de cuál era realmente el poder de la monarquía. 

Ahora bien, su ‘programa iconográfico’ ¬–esculpido por los maestros franceses Martín de Blas y Guillén Colás en 1523– es posible comenzar a leerse por la parte inferior, donde se esculpe a un lado Adán y al otro Eva, quienes son aquellos que trajeron el pecado al mundo y, consecuentemente, se hallan en la génesis de las enfermedades.  Arriba de ellos se sitúan dos intercesoras contra los males corporales: Santa Catarina (protectora de los moribundos) y Santa Lucía (protectora de la vista). Luego, el Bautista y la Magdalena, personas que anuncian una nueva vida: la llegada de Cristo y la vida arrepentida. En la zona superior, unos apóstoles, la Virgen y El Salvador, esto es, la ‘vida eterna’, en compañía de Dios Salvador. Debajo, y con menor tamaño, el ‘colegio apostólico’.  Además, podemos observar una serie de personajes de la mitología, como Prometeo, el ‘robador del fuego de los dioses’. Asimismo, Eros y las Gorgonas, las virtudes cardinales y otros tales como un peregrino, un médico o un astrólogo. Encima de la puerta sobresalen dos ‘medallones’ del estilo Renacimiento, con las imágenes de los Reyes envueltas en coronas vegetales. Así, pues, en esta fachada conviven representaciones del pecado con otras que lo dirimen, tanto del cuerpo como del espíritu, de lo mortal como lo inmortal, deseo de amor y sabiduría. Como apreciamos, siempre subrayando la relación entre la enfermedad del cuerpo y la salud del alma. De tal manera que el médico y el peregrino nítidamente aluden a la función ejercida por el propio edificio.  Bien podríamos afirmar que la fachada está iconológicamente estructurada en tres niveles: un primero donde se representa el mundo humano de la muerte y del pecado. Sobre él iría el mundo de la Iglesia que nos ayuda a llegar al tercer nivel, es decir, el del mundo definitivo por encima del pecado: la Gloria. Si consideramos los primeros libros de admisión de enfermos con los que contamos, éstos datan del siglo XVII, en una época en que el peregrinaje no se hallaba justamente en sus mejores momentos. Hojeando estos libros, la mayoría de los enfermos eran santiagueses y gallegos, sobre todo de condición pobre. Esto explica que la decadencia del ‘culto xacobeo’ obliga al Hospital a acercarse a la sociedad en la que estaba inmerso.

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