Opinión

Pontevedra: orígenes y monumentalidad

Isaac Otero | 13 de agosto de 2018

La ciudad de Pontevedra ­–que en la actualidad cuenta con unos 80.000 habitantes– se halla situada en plena desembocadura del bellísimo río Lérez, al fondo de la Ría de idéntico nombre. Si acudimos a la leyenda, la urbe fue fundada por el héroe troyano Teucro, uno de los participantes en la mítica guerra de Troya, quien, tras la destrucción de esa antigua ciudad, alcanzarías nuestras costas gallegas. En la ‘vía romana XIX’, la cual comunicaba las tres principales ciudades de ‘Gallaecia’ –Braga, Lugo y Astorga–, a su paso por la actual Pontevedra, se construyó un puente y, en la orilla sur, se creó una mansión que recibiría el nombre de ‘Turoqua’. Era una modesta población activa que se ocupaba del cuidado y protección de la ‘calzada’ así como del puente, aparte de una primorosa atención a los caminantes.

Por otra parte, hasta llegar al siglo XII –año 1141– no conservamos datos escritos de un lugar denominado ‘Pontus Veteri’, con alusión a los restos del antiguo puente romano. Hacia mediados de este siglo es edificado un nuevo puente. Ya en 1169 Fernando II, el rey de Galicia, otorga ‘foro’ a los habitantes de ‘Pontus Veteri’, considerándose, por decirlo así, la segunda y definitiva ‘fundación’ de la ciudad. ‘Privilegios’ diversos fueron fortaleciendo su actividad económica, directamente ligada a la pesca y al comercio, de tal manera que, el crecimiento económico de Pontevedra, llegará a su esplendor durante el siglo XVI , transformándose por ello en la mayor de las ciudades gallegas.

Transcurridos los siglos, un hecho de enorme relevancia para su revitalización urbanística, cultura y social es la concesión en 1833 de la capitalidad de la provincia, por lo que desvinculaba de la provincia de Santiago, a la cual hasta aquel entonces pertenecía. El centro histórico de la urbe pontevedresa es uno de los mayores y excelentemente conservados de Galicia: desde 1951 exhibe la calificación de ‘Conjunto Histórico-Artístico’. Hoy en día la ciudad muestra un progresivo dinamismo comercial y cultural, al igual que un notable desarrollo dentro del sector industrial.

La ‘Alameda’ ocupa la antigua huerta el convento de Santo Domingo. Alrededor de ella, se encuentran distintos organismos oficiales y monumentos conmemorativos. Destaca el erigido ‘A los héroes de Pontesampaio’, construido en 1911 a fin de recordar la victoria conseguida en esa localidad contra las tropas napoleónicas en 1808. He ahí los ‘Azulejos’ de la ‘Alameda’ que fueron dibujados en 1928 por el artista, acuarelista y grabador Carlos Sobrino Buhigas, todos llevados a término en cerámica de ‘Triana’.

El ‘Pazo de la Diputación’ –de fines del siglo XIX– es obra del afamado arquitecto Alejandro Rodríguez Sesmeros. Las ‘Ruinas de Santo Domingo’ nos han legado la cabecera de la Iglesia. Construcción de finales del siglo XIV que alcanzó la gloria de ser la Iglesia Dominica de mayor dimensión de toda Galicia. Visitamos una parte de la sección ‘lapidar’ del Museo, donde admiramos escudos y sepulcros medievales, piezas románicas y góticas de iglesias ya desaparecidas. El edificio del Ayuntamiento o ‘Concello’ corresponde a fines del siglo XIX, asimismo realizado por el prestigioso arquitecto Alejandro Rodríguez Sesmeros.

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