Opinión

El poeta Octavio Paz y sus ‘Vislumbres de la India’

“En 1951 vivía en París. Ocupaba un empleo modesto en la embajada de México. Había llegado hacía seis años, en diciembre de 1945; la medianía de mi posición explica que no se me hubiese enviado, al cabo de dos o tres años, como es la costumbre diplomática, a un puesto en otra ciudad. Mis superiores se habían olvidado de mí y yo, en mi interior, se lo agradecía. Trataba de escribir y, sobre todo, exploraba esa ciudad que es tal vez el ejemplo más hermoso del genio de nuestra civilización”, escribe en el capítulo ‘Las antípodas de ida y vuelta’ el insigne poeta y premio Nobel mexicano Octavio Paz al inicio del libro Vislumbres de la India (Un diálogo con la condición humana), Editorial Seix Barral, Barcelona, 1ª edición, abril de 1995.

Tras la publicación de La llama doble, que se refería a la relación entre amor y erotismo y su postrer significado, Vislumbres de la India es el primer ensayo unitario de Octavio Paz que lleva a término una recapitulación no sólo de su período de residencia continuada en dicho país –ante el que fue embajador desde 1962 hasta 1968– así como de sus viajes anteriores y posteriores a él, sino también de la huella cultural, artística, filosófica que la India ha dejado en sus vivencias: esto es, más allá o más acá de ello mismo, una reflexión acerca de qué sea en sí misma la India.

‘Bombay’, ‘Delhi’ y ‘Regreso”‘ integran el capítulo ‘Las antípodas de ida y vuelta’. El capítulo titulado ‘Religiones, castas, lenguas’ comprende tres apartados: ‘Rama y Alá’, ‘Matriz cósmica’ y ‘Babel’. Dentro del capítulo ‘Un proyecto de nación’ desarrolla ‘Festines y ayunos’, ‘Singularidad de la historia india’, ‘Gandhi: centro y extremo’ y ‘Nacionalismo, secularismo, democracia’. Por último, ‘Lo lleno y lo vacío’ abarca ‘La ‘apsara’ y la ‘yakshi’, ‘Castidad y longevidad’, ‘Crítica de la liberación’ y ‘Los artilugios del tiempo’. Y además, ¿cómo no?, las poéticas palabras de ‘Despedida’.

Así, pues, se trata de una India vivida en cuanto experiencia personal, dentro de los luminosos capítulos autobiográficos que despliegan y clausuran este atractivo y didáctico volumen. Asimismo es una India, por otra parte, revisada en su nacional complejidad, religiosa e histórica. Un reflejo de la sabia agudeza y el filosófico ingenio del hondo poeta Octavio Paz. Un examen ambicioso que recibe el lector occidental, a fin de dilatar nuestro horizonte espiritual. Inexorable asumpción de la fecunda discrepancia entre nuestra “cosmovisión” y las que en ese inmenso país existen. Paralelismos, analogías, antítesis que nos pueden facilitar y lograr no pocas posibilidades latentes. Un inagotable diálogo con la acaso inextricable “condición humana” –como acuñaría el gran escritor francés André Malraux– al igual que un diálogo continuo con “nosotros mismos”.

“Lo primero que me sorprendió de la India, como a todos, fue su diversidad hecha de violentos contrastes: modernidad y arcaísmo, lujo y pobreza, sensualidad y ascetismo”, subraya Octavio Paz. “Pero la peculiaridad más notable y la que marca a la India –agrega– no es de índole económica o política sino religiosa: la coexistencia del islam y el hinduismo”.

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