Opinión

‘O Pazo de Raxoi’ y el arquitecto francés Carlos Lemaur

Isaac Otero | 27 de julio de 2020

El ‘Pazo de Raxoi’ desde luego que no puede competir en jerarquía con la catedral de Santiago de Compostela, si bien no ‘rompe’ la armonía dentro del conjunto de la ‘Praza do Obradoiro’. “Había outros problemas tamén por resolver como o de manter a comunicación rodada entre a praza e a rúa das Hortas”, señala el historiador Manuel Vilar Álvarez en su obra A Praza do Obradoiro, Ediciones ‘A Nosa Terra’, colección ‘Arte na Pedra’, ‘Concello’ de Santiago, Compostela, 2005.

¿Cuál era, pues, la solución? Se crea una rampa inclinada y cortada verticalmente en el postrer instante, impidiéndole de esta manera la visibilidad de la plaza a las personas que ascendían por la ‘rúa das Hortas’ y obligándolas, para contemplarla, a entrar en la misma plaza. Tras haber solventado las cuestiones burocráticas iniciales y diversos proyectos frustrados, Carlos Lemaur –ingeniero francés–, quien había venido a Galicia para ayudar a fortificar nuestra costa gallega, fue el encargado, en 1767, de levantar el edificio del ‘Pazo de Raxoi’.

Carlos Lemaur lo concibió como una construcción estructurada en planta doble, al igual que la imagen de alguna edificación civil en “estilo francés”. Nos muestra una parte principal que da al frente, la cual resulta en parte simétrica. Se halla porticada, típica de una plaza mayor, al tiempo que es alargada, a fin de cubrir todo ese espacio de la plaza. Una excepción es la parte hacia el Hospital, que recortó para permitir la visión de la fachada de la iglesia de ‘San Froitoso’ y crear así un espacio de desahogo con el Hospital.

Ahora bien, existe una segunda parte que mira hacia el interior y se encuentra organizada alrededor de un patio. Es preciso recordar cómo esta zona estaba reservada para la prisión y para el seminario. Si la observamos desde la parte posterior, adquiere un aspecto más de fortaleza y sobriedad que la fachada principal. La parte destinada a ‘Concello’ era la que mira hacia el Hospital.

Con el propósito de ‘romper’ la horizontalidad de la fachada, el arquitecto francés Carlos Lemaur sitúa dos cuerpos diferentes al central en los extremos del edificio. Éste remata en un ‘frontón’ triangular, cuyos soportes son monumentales ‘semicolumnas’. He ahí, en el elevado espacio, la representación de la batalla de Clavijo –memorable ayuda para los cristianos medievales contra los musulmanes, transformada en religión y mito–; todo ello, en el ‘frontón’, coronado por una ‘estatua ecuestre’ del denominado ‘Santiago Matamouros’. Así, aquellos ‘cuerpos’ de los extremos rematan de forma ‘curva’.

Recordemos que la construcción de este edificio del ‘Pazo de Raxoi’ significó, a juicio del profesor Manuel Vilar Álvarez, “a temperá introducción do clasicismo en Galiza”. Pensemos en que los primeros proyectos del edificio eran propios del arte del Barroco, siendo finalmente “clasicista”. Y ello sin suscitar ninguna polémica entre los arquitectos por el hecho de tal consideración.

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