Opinión

‘Los pasos perdidos’, novela de Alejo Carpentier

Isaac Otero | 27 de abril de 2020

Los pasos perdidos es una narración en primera persona que, en algunos momentos, adquiere carácter de monólogo interior. A partir del segundo capítulo, el relato es un diario de viaje, que en el plano simbólico se acerca al diario de los conquistadores y pretende ser una Crónica”, señala la doctora María del Carmen Varela Bran en su tesis titulada Funcionalidad de las claves estéticas del realismo mágico en la novela hispanoamericana, Excma. Diputación de Pontevedra, 1996.

Considerando la perspectiva narrativa, la novela podría estructurarse en tres secciones. En la primera de ellas, que corresponde con el primer capítulo, dividido en tres grupos por números romanos, el discurso se halla ordenado en función de su titular. Ahora bien, cuando dentro de la historia se interrumpe la relación con el mundo objetivo real que rodea al narrador, he ahí que el relato cobra el nivel de ‘prehabla’. Lo cual acontece siempre que el narrador roza con ciertos elementos que le rememoran una parte de su pretérito, que puede ser estimado en mayor o menor grado. Y cuando este universo ‘preconsciente’ se vuelve ‘consciente’, la narración se nos muestra adoptada a la forma de un ‘monólogo interior’.

De modo que toda la primera parte se vincula al “fluir de la conciencia” de un narrador subjetivo e innominado que manifiesta una parte de su experiencia humana. Recuerda, reflexiona, opina. Este “fluir de la conciencia”, según la profesora Varela Bran, “adopta dos formas: como ente externo, representa un monólogo dramático sobre la situación fatalista del hombre en la ciudad moderna; como ente interno, es una reflexión sobre su propio fracaso. En este sentido, el monólogo está en estrecha relación con el tema del deseo de evasión; en un sentido más amplio, reproduce una parte valorizada de su pasado y representa el retroceso a una dimensión mítica del tiempo”.

Si estimamos el segundo capítulo, éste comienza con el viaje del narrador hacia la selva, el diario de viaje y, digamos, la segunda parte de la novela: en este cosmos representado, el narrador se encuentra como “agente y como testigo”. El capítulo cuarto –que desde el punto de vista cronológico va desde la tarde del lunes 18 de mayo hasta el sábado 23 de junio– inicia la tercera parte del relato. Así, pues, la primera y segunda parte responden al ámbito cerrado del protagonista y a los diversos segmentos de su biografía. Y la tercera, no obstante, se desarrolla en el plano histórico.

Discrónicamente, ¿qué es la novela? La historia de un publicista que emplea el tiempo de sus vacaciones en llevar a término una misión científica. Si consideramos su estructura, el relato exhibe dos estratos simbólicos superpuestos: la historia del protagonista y la historia del hombre. “En el primer caso”, puntualiza la doctora Varela Bran, “alcanza la identidad individual; en el segundo, la histórica. En este sentido, la tercera parte es continuación de la segunda con una correlación y una inversión de los signos del contenido”.

La novela de Alejo Carpentier posee una estructura “circular”: la idea de “partida-retorno. Ciudad y vuelta a los orígenes.

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