Opinión

El Padre Rosendo Salvado y la colonia en tierras de Australia

Isaac Otero | 05 de abril de 2021

“Aquella noche del 7 de enero de 1846, en que nuestros misioneros soñaron despiertos con la generosa empresa que esperaban llevar a cabo entre los salvajes, debió ser, sin duda, turbada por multitud de incógnitas difícilmente despejables antes de entrar en contacto con el país, con su vida social y singularmente con la colonia”, leemos en las páginas del libro El Padre Salvado. Un gallego civilizador de Australia, cuyo autor es Santiago Rodríguez R. –maestro de Malvas-Tui–, Consejo Superior de Misiones, Madrid, 1944, Gráficas Afrodisio Aguado, calle Bravo Murillo, 31.

El hecho es que sólo diecisiete años antes –el 1º de junio de 1829– se había fundado en la Australia occidental la colonia Swan River o Río del Cisne, en cuya embocadura se hallaba ahora anclado el buque ‘Isabella’. El capitán Jaime Sterfing hubo de regresar a Londres, a fin de recabar auxilio y remediar el estado tan nefasto de la estación por él fundada y de la cual habían desertado casi todos los colonos. A tal extremo llegó todo que en 1846 la colonia había conocido ya tres gobernadores.

Recordemos que una estadística de 1848 establece un total de 4.622 extranjeros, de los cuales eran católicos sólo 337. “El puerto de la colonia estaba en Fremantle –escribe el biógrafo Santiago Rodríguez–, en la orilla izquierda del río del Cisne, y la capital, Perth, en la orilla derecha, distantes una ciudad de otra unos 17 quilómetros”. Siguiendo el río Swan arriba, como a unos 15 quilómetros de Perth, se encuentra Guildford, en la confluencia con el Elena, y más al norte, Toodyoy, sobre cuyo meridiano de modo aproximado puede localizarse, al norte, la comarca en que el Padre Rosendo Salvado habría de dar asiento a su misión.

“Ya en 1817 había llegado a Sidney un sacerdote irlandés; pero la intolerancia protestante le obligó a reembarcarse, no sin antes confiar unas Sagradas Formas a la custodia y veneración del núcleo de católicos”, señala en su biografía el maestro Santiago Rodríguez, tudense del lugar de Malvas. En 1832 eran tres los sacerdotes católicos, año en que, como vicario general, llega el benedictino Rvdo. Padre Guillermo Bernardo Ullathorne, el fundador de la iglesia de Australia. Tanto fue el impulso que le imprimió, que en Roma acordaron enviar, al cabo de dos años, a un vicario apostólico en la persona del Rvdo. Padre Juan Beda Polding –al igual perteneciente a la Orden de San Benito de Nursia–, quien estableció su sede en Sydney, capital de Nueva Gales del Sur.

“Perseguidos por la población blanca –nos cuenta el Padre Rosendo Salvado– y privados de poder andar errantes con toda libertad al través de sus nativas selvas, se ven actualmente obligados a guarecerse entre los espesos matorrales y los más inaccesibles despeñaderos que les ofrecen, sí, un asilo temporal, pero raras veces la subsistencia, puesto que los ‘kangarús’ y los demás animales, que eran su ordinario alimento, o han desaparecido de allí o han destrozado su raza”. La dificultad de la civilización de los australianos era, pues, una cuestión de humanidad y justicia social.

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