Opinión

La música del maestro Eduardo García Lalanne y el tango

Isaac Otero | 22 de abril de 2019

Recordemos que en la composición titulada El estado de un país o La nueva vía –que no es sino una parodia de la famosa revista y zarzuela madrileña La Gran Vía– el público escuchó los versos de Eduardo Rico, cantados sobre la música del maestro Eduardo García Lalanne, quien había creado algunos tangos ‘ad hoc’ dentro de la obra. “Los versos de Rico habían sido recogidos de coplas anónimas que por esos días solían agregarse a otros tangos para ser cantados por los integrantes de los propios grupos musicales en sus lugares de actuación”, escribe el reconocido escritor y poeta Horacio Salas en su insoslayable obra El tango, Editorial Planeta Argentina, 1ª edición, Buenos Aires, agosto de 1986, con amplio estudio preliminar del novelista y ensayista Ernesto Sábato.

De tal manera que, en determinado momento, tres “compadres” se apropincuaban bailando entre ellos hacia las “candilejas” y allí comenzaban a entonar: “Compadre 1º: Yo soy del barrio del Alto,/ soy del barrio del Retiro,/ soy aquel que nunca miro/ con quien tengo que pelear,/ y al que en tren de milonguear/ ninguno se puso a tiro”. Interviene entonces el “Compadre 2º: Poco a poco, compañero,/ no cante pronto victoria,/ que para ganar la gloria/ aún le faltan memoriales,/ que soy del barrio’e Corrales./ Hoy va a conservar memoria”. Retorna, pues, el “Compadre 1º: No me asustan corraleros/ que porque gastan cuchillo,/ creen que uno es un novillo/ pa’ dejarse cuerear,/ más que suelen disparar,/ si le muestran el gatillo”.

Tras unos instantes, los mismos personajes cantan los versos de un tango que llegaría a ser célebre, igualmente de García Lalanne, Soy el rubio Pichinango, que dice así: “Soy el rubio Pichinango,/ yo el paraito Zapitría,/ yo nunca niego la cría,/ soy el negro Pantaleón./ Los tres somos cuchilleros/ muy nombrados de la gente/ que nos limpiamos los dientes/ con la punta del facón./ A más tenemos tres minas/ que son criollas comodonas/ yo, a Aniceta la llorona;/ yo, a la parda Tongarí;/ yo, a María Cañonazo/ la del cuaterno en la jeta/ que es la negra más trompeta/ que en mi vida conocí”.

“Otra letrilla muy difundida en la década de 1890 es la del tango El torito, de Rius –nos indica el poeta y ensayista Horacio Salas en su admirable volumen–. Ángel Villoldo firmaría años después otra melodía con igual título, pero la particularidad del tema de Rius es que son ingenuos versos pertenecientes al general Bartolomé Mitre, ya que con la mención de esos autores apareció en versión discográfica editada en Europa a comienzos del siglo, que se iniciaba con una presentación”. He acá el texto: “Aquí el torito/ el criollo más compadrito/ que ha pisao la Capital./ Donde quiera me hago ver/ cuando llega la ocasión”. Agreguemos, por otra parte, que en 1897 el dramaturgo Enrique García Velloso escribió para la obra titulada Gabino, el mayoral, composición con la cual alcanzaría su mayor éxito, dado que se representó en más de mil funciones, la letra del tango No me vengas con paradas, asimismo sobre música de Eduardo García Lalanne: “No me vengas con paradas, te digo,/ que no te llevo el apunte,/ y haré que alguno te unte/ con un talero, si estrilo”. Ya en la primera década del siglo XX brotaron personajes –hombres y mujeres– que incluían tangos en sus repertorios.

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