Opinión

Las mujeres peregrinas a Compostela en la historia

Isaac Otero | 28 de junio de 2021

Si deseamos rastrear la peregrinación marítima de mujeres inglesas, habremos de tener presente la literatura de índole popular. He aquí el caso de la “peregrina viuda” que se nos presenta en los Cuentos de Canterbury, cuyo autor es Geoffrey Chaucer durante la Edad Media europea.

“Iba allá una buena viuda de la comarca de Bath, mujer algo sorda –leemos en el texto transcrito por el historiador Luis Vázquez de Parga en su libro Las peregrinaciones a Santiago, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1948, volumen I, página 515–. Era hábil en tejer paños mejores que los de Gante e Ipres. No había en toda su parroquia mujer que llegase a la ofrenda primero que ella; mas, si alguna vez sucedía lo contrario, luego la buena viuda se irritaba más allá de lo que consiente la caridad. Siempre había sido mujer muy honrada: cinco maridos llevó a la iglesia y aun tuvo en su mocedad otras compañías; mas de esto no hace el caso platicar ahora. Tres veces había estado en Jerusalén y cruzado un buen golpe de ríos extranjeros. Asimismo había ido a Roma, Bologna, Santiago de Galicia y Colonia, y era por tanto ducha en caminatas. Montaba con desenvoltura su jaca, se cubría con un sombrero ancho como una rodela. Solía reir y platicar con desenfado y debía ser docta en remedios de amor, pues no ignoraba las antiguar reglas de ese arte”.

“No todas las peregrinas eran santas, y culminaban su peregrinación tras un proceso ascético que las mejoraba espiritualmente para el encuentro final con Dios ante las reliquias de su Apóstol Santiago en Compostela”, señala la historiadora Marta González Vázquez en su monografía Las mujeres de la Edad Media y el Camino de Santiago, Xunta de Galicia, 2000, reedición revisada, ‘Camiño Xacobeo/ 2004’. La peregrina de Bath era una mujer llena de piedad cuando iniciaba sus romerías, pero deshonesta en su vida privada. Los relatos de Chaucer ya no son aquellos “milagrosos” que hallamos en el “Codex Calixtinus”, ya que pasamos del siglo XII al XV.

El franciscano Bertoldo de Ratisbona consideraba que las peregrinaciones llevadas a cabo por mujeres “no eran en absoluto positivas, ya que llevaban consigo más pecados que indulgencias”. Estos alegatos en contra se plasman en el siglo XV en la obra de Cristina de Pisan, la escritora francesa nacida en Venecia y autora de La ciudad de las mujeres y el Libro de las Tres Virtudes. Eran muy frecuentes –a juicio de H. Finke– las mujeres que participaban en compañía de charlatanes, bufones y acróbatas.

He aquí la “cruz de peregrinación” de Dame Guillemette, esposa de Jean Azemar. Inscrita sobre una piedra, siglos XII-XIII, que se encuentra en el Museo de los Agustinos de la ciudad francesa de Toulouse. La profesora Marta González Vázquez se centra en el capítulo IV de su libro en “los matrimonios contraídos a través de la peregrinación”. Es el caso del conde García Fernández que se casó dos veces. La primera, con la condesa de França, que tenía por nombre “dona Argentina”. Además, hubo otras peregrinaciones como la de “procuración”, relacionada con el anhelo de “salvación”.

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