Opinión

Monte ‘O Facho’, ‘Cruceiro’ de Hío, la villa de Baiona

Isaac Otero | 04 de febrero de 2019

Llegamos al Monte ‘O Facho’, en la provincia de Pontevedra, costa-Sur. Perteneciente al ‘concello’ de Cangas, está ubicado en el lugar de Donón, en la parroquia de Hío de Cangas. Nos hallamos a una altitud de 184 metros sobre el nivel del mar. Desde el siglo X a.C. hasta el VII a.C. existió un poblado en la ladera Este, tomando como punto de nacimiento el siglo VI a.C. Entonces ve la luz el ‘castro’ galaico: un poblado fortificado que subsistió hasta el siglo I a.C. Del mismo aún podemos ver parte de las murallas, el foso al igual que las piedras que conformaban sus viviendas. Tiempo después, un santuario erigido sobre la cumbre recibió el legado de las vetustas creencias de quienes habían vivido en aquel ‘castro’, a fin de dotarlas –a lo largo de los siglos II al IV d.C.– de unas renovadas características. He aquí, pues, las señales de un “estadio” de asimilación de la cultura latina en la región del Imperio Romano nombrada “Gallaecia”.

Ya en su cima, contemplamos una “garita de piedra” del siglo XVIII, que se empleaba como “puesto de vigilancia” sobre el océano Atlántico, pues sus panorámicas vistas son dignas de asombro. El santuario llamado de “Berobreo” estaba dispuesto en un área en pendiente que circunda la cumbre del Monte. Algunos restos de columnas nos señalan la existencia de un edificio. Hasta ahora, no obstante, sólo sabemos de una “disposición a cielo abierto” de altares que –hincados en la tierra y en considerable número– ocupaban una estimable extensión dentro de esos límites. Una acumulación que dio origen a la tendencia de los monumentos a ser angostos y altos, configurando aquello que a la vieja semejaría un esplendente “bosque de aras”.

Nos encaminamos hacia la belleza de uno de los “cruceiros” más distinguidos de Galicia. ¡Noble arquitectura popular gallega que encontramos en numerosos “cruces de caminos”! Originalidad y sublime grandeza nos obligan a venerar este ‘Cruceiro’ de Hío, dentro del ‘concello’ de Cangas. La autoría del mítico escultor Cerviño nos desvela su temática iconográfica singularmente compleja, puesto que “representa” el “descendimiento de Cristo”, conformando distintos niveles físicos y graníticas “secuencias” históricas del Evangelio cristiano.

Días más tarde, nos dirigimos a la ilustre villa de Baiona. Sinónimo de magnífico puerto, ha sido el principal en no pocos instantes de la Historia: testigo de la “primera noticia” del “descubrimiento” de América, tras la arribada de la ‘Carabela Pinta’. El “Conjunto Histórico-Artístico” lo hallamos en el centro del municipio, ocupando un círculo casi cerrado. Nos ofrece tres entradas: por la plaza de Santa Liberata, por la plaza del Padre Fernando y desde el cruceiro de La Trinidad.

¡El Castillo de “Monte Real”! Estratégicamente situado, nos ofrece, desde el siglo X, un cautivador edificio en un altozano y abrazado por un seductor paisaje. Dos épocas se ponen de relieve en su estructura: la medieval y la que comprende desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII. Tres torres: la del ‘Príncipe’, la de la ‘Terraza’ y la del ‘Reló’. Desde la década de 1960 alberga el Parador de Turismo ‘Conde de Gondomar’ como recuerdo de Don Diego Sarmiento de Acuña, diplomático y conde de Gondomar.

 

 

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