Opinión

El Monasterio de Poio y el templo de San Salvador de Lérez

Isaac Otero | 21 de enero de 2019

Prosiguiendo nuestro camino por tierras de Galicia, en Poio, provincia de Pontevedra, admiramos su afamado Monasterio. En 1853 los frailes de la Orden de San Benito se vieron obligados a abandonarlo. La Orden Mercedaria, sin embargo, se hizo cargo de él hasta hoy día. Las dos dependencias más relevantes del Monasterio se remontan a los siglos XVI hasta el XVIII: la iglesia y el claustro “procesional”. De la época de los mercedarios proceden dos patios paralelos y una capilla, con la idea de crear un Seminario Mayor. Está considerado como un sobresaliente centro cultural, en el cual hallamos la Biblioteca cuyo fondo asciende a más de 100.000 volúmenes. Asimismo, el Museo de los Mosaicos y la Sede de los cursos de la Universidad de Verano. Revivimos los dos claustros: el de las “procesiones” de los siglos XVI y XVII, así como el del “crucero”, que data del siglo XVIII.

Ya en Pontevedra capital, evocamos el predominio de su puerto hasta que muy diversas causas provocaron la pérdida de su actividad desde el siglo XVII. ¿Su memoria marítima? El poderío de aquel “Gremio de Mareantes” y los numerosos marinos de origen gallego, alguno de los cuales marcó señeros hitos en mares y tierras del Sur de América.

¡Oh recinto amurallado! He aquí el conjunto histórico que nos convida a visitar las ruinas del Convento de Santo Domingo, cuyo esqueleto exterior conserva algunas de las muchas piezas arqueológicas halladas. A unos pasos, la Basílica de Santa María la Mayor que exhibe la portada plateresca de magnífica talla, mandada construir por el antiguo “Gremio de Mareantes” en el siglo XV.

Callejeando por estas “rúas” pontevedresas, descubrimos el histórico nombre de sus calles y plazas, mientras nos acunan esos sonoros ámbitos entre casas solariegas, populares y de abolengo. “Praza da Ferrería”. “Praza da Leña”. “Praza do Teucro”. “Praza da Verdura”. Henos ante los tres antiguos edificios que albergan el “Museo Provincial de Pontevedra”, cuya Fundación mantiene como un tesoro el proyecto de difusión de la Cultura Gallega. Cerca de ellos, la iglesia –con la memoria de la Compañía de Jesús y su deslumbrante fachada barroca– de San Bartolomé, generosa en tallas religiosas, como la de la Esperanza, nuestra “Señora de la O”. Encaminando nuestros pasos hacia el centro urbano, San Francisco y su Convento, junto a la milagrosa Fuente “Da Vila” –“que dá de beber a quen pasa”– y sus jardines de la “Praza da Ferrería”.

¡Oh Nuestra Señora de La Peregrina, vinculada al “camino portugués” rumbo a Santiago de Compostela! Después, admiramos el Convento de Santa Clara. ¡Villa hidalga, Pontevedra! Vamos ahora a la parroquia de San Salvador de Lérez: el tan popular “San Benitiño”. Construido en el siglo X por los monjes benedictinos, fue reformado durante los siglos XVI y XVII. He acá un templo neoclásico con fachada barroca que luce la imagen del milagroso San Benito, “o sanador das verrugas”, merced a su aceite y oración.

Adosada al muro de la parte sur, se conserva un ala del claustro del siglo XVI. También –en algunos sillares del mismo– observamos “signos lapidarios” e inscripciones “románicas” de la vieja construcción. Durante el siglo XVI el claustro alcanzó el privilegio de ser un Colegio de Humanidades y Filosofía. Estamos ante la capilla de San Benito, año 1700, en la que vemos la sagrada imagen del Salvador. Y pasamos bajo el altar del Santo, de rodillas, como ofrenda.

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