Opinión

El Monasterio de Armenteira y José Carlos Valle Pérez

Isaac Otero | 29 de enero de 2018

“En el valle del Salnés, en la ladera occidental del monte Castrove, que separa las rías de Pontevedra y Arosa, dominando una cañada, se encuentra situado el Monasterio cisterciense de Santa María de Armenteira, declarado monumento histórico-artístico en 1931”, escribe José Carlos Valle-Pérez –actual director del Museo de Pontevedra, tras el fallecimiento de su maestro y amigo Xosé Filqueira Valverde, el perenne polígrafo y escritor pontevedrés y gallego universal– en su obra El Monasterio de Pontevedra, Publicaciones del Museo de Pontevedra, Patronato ‘José María Cuadrado’, Pontevedra, 1977.

No es en vano el precisar que este estudio fue, esencialmente, el trabajo llevado a cabo para la obtención del Grado de Licenciatura, bajo la dirección del catedrático de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia, de la Universidad de Santiago, Profesor Dr. D. Ramón Otero Túñez, tesina que fue leída el 8 de octubre de 1975. Evocando esta histórica monografía, nos deleitamos con una visita general del Monasterio e Iglesia de Armenteira: arriba, un dibujo de Enrique Campo (1907); abajo, una fotografía tomada durante su restauración (1962). Contemplamos también otra bellísima perspectiva dibujada por el mismo Enrique Campo en 1907, así como una “lauda” de las “de estola” hallada en Armenteira. La obra nos ofrece la planta de la iglesia, la nave de la “Epístola” y la nave central merced a las fotos realizadas por Sicart e Hipólito de Sá. Entre otras láminas, observamos la de la “imposta” del último arco “fajón” y del penúltimo arco “formero” del lado del “Evangelio”, además del modillón, fotografiado todo por Fariña.

Tras revisar la sección longitudinal de la iglesia de Armenteira, nuestra mirada asciende hasta la cúpula del “crucero” del templo, comparándolo con la capilla de las Claustrillas del Monasterio de las Huelgas, en Burgos. He aquí la sección transversal de la iglesia, al igual que aquellas “posibles soluciones” para la reconstrucción del altar primitivo. Luego, el soporte del altar primitivo y la “cabecera” de la iglesia, gracias a una atenta fotografía de Sicart. Más adelante, rememoramos el exterior de la iglesia, lado Norte, con la fachada del templo. Después, el detalle de la fachada, que luce hermoso “rosetón”.

¡He ahí el sepulcro de Ruy Páez, hijo de Paio Gómez Chariño, reutilizado por D. Álvaro de Mendoza y Sotomayor! Ante nosotros, la bella imagen de Nuestra Señora de las Cabezas, al igual que una vista general del “baldaquino”, en cuyo remate se yergue el Padre Eterno. Asimismo, las imágenes de San Norberto y San Roberto. Henos ahora ante el dramático “Cristo de la Paciencia”, mirando hacia María, su Madre Dolorosa. En la “Epístola”, la imagen de San Bernardo y en el “Evangelio”, la de San Benito.

Contemplamos las imágenes de San Antonio –en el retablo de San Benito– e igualmente la de El Salvador. Poblada de arbustos y líquenes, antes de su imprescindible rehabilitación, una fotografía nos muestra la puerta de entrada del Monasterio. Un dibujo de Enrique Campo nos convida a recordar aquella “residencia del Abad”, después “casa rectoral”. Estamos en la “galería oeste” del claustro. ¡Y el “templete” de San Ero –historia, poesía y leyenda medieval del “Tiempo Eterno”– y la Virgen en la entrada del atrio! Una añeja fotografía de la “cocina” monacal y el devoto “crucero” en la puerta de entrada al atrio.

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