Opinión

El monasterio de ‘Santa María de Sobrado’

Isaac Otero | 20 de noviembre de 2017

Entre Lugo y Santiago –en el propio corazón de la Tierra Gallega– hallamos un viejo y artístico pueblecito denominado “Sobrado de los Monjes”. ¿El Monasterio? El admirable “Santa María de Sobrado”. Espacioso el valle y su paisaje severo y pacífico. ¡Oteros frondosos y engalanados de robles –nuestras “carballeiras”–, pinares y eucaliptos! Castaños y campos de centeno, trigo, maíz. Predominan los cielos grises, lluviosos entre la misteriosa bruma. Estamos al sur, donde clausuran este horizonte los montes de Bocelo. Al este, las sierras de “Cova da Serpe” y “Corno de Boi”. Ya muy cerca de nosotros, el monte Campelo. He ahí el río Tambre. Su fuente –modificada por la maestría de algún monje de vocación de ingeniero– conforma un embalse, que Ambrosio de Morales describe como “un gran lago que tiene dos tiros de arcabuz en largo y uno en ancho”, y está hecho de buen pescado”.

¡Truchas y anguilas que antiguamente los monjes pescaban, como ellos mismos llamaban, en “el estanque”! Una esplendorosa laguna de más de dos quilómetros de circunferencia, cerrada por un dique, en la cual conviven en paz y armonía peces y nenúfares y aves acuáticas. Enamorados del arte medieval del Románico, visitamos las montañas entre Sobrado de Melide y la belleza de San Antolín de Toques, el viejo monasterio de la Orden de San Benito. No muy distante, también nos saluda Santa María de Mezonzo, el monasterio entre Foro y Vilasantar. La comarca estaba cruzada por la “vía imperial” que enlazaba Iria-Flavia, en Padrón, y “Lucus Augusti”, población de Lugo.

“San Salvador de Sobrado en la Alta Edad Media era Sobrado –“superato”, según los viejos pergaminos– una ‘villa’, esto es, una aldea englobada en una amplia demarcación administrativa conocida por el nombre de ‘condado de Présaras”, nos ilustra el historiador García M. Colombás en su texto acerca de este monasterio, publicado por la ‘Editorial Everest’, 2ª edición, León, 1987. “A mediados del siglo X gobernaba este territorio el conde Hermenegildo, casado con una noble dama llamada Paterna. Los condes, ya entrados en años, decidieron fundar en la ‘villa’ de Sobrado un monasterio familiar y dúplice”. Hermenegildo y Paterna cumplieron su promesa en el año 952, donando al cenobio, que se nombró de San Salvador, no sólo las tierras que ellos poseían en Sobrado, sino también otras muchas obtenidas por herencia. Sus hijos don Sisnando –obispo de Iria-Compostela, y el conde Rodrigo, con su esposa Elvira– lo enriquecieron con novísimas y muy generosas donaciones.

Contemplamos las fachadas exteriores del monasterio: la Oeste, la Este, y luego la bellísima Este y Sur. He aquí el “cruceiro” en la “Vía Sacra” que nos convida al gozo de la piedra eterna. Nos encontramos en el arco de entrada del recinto. En seguida, la iglesia del cementerio, en la actualidad iglesia parroquial. La románica capilla de San Juan Bautista. Una “ménsula” de la misma época medieval. Un “modillón” prerrománico. La entrada de la Sala Capitular y las columnas “de palmera” de su interior. ¡Cocina del siglo XIII y el horno para cocer el pan! En la capilla de San Juan Bautista nos detenemos ante dos sepulcros-estatuas yacentes: la del caballero Arias Vázquez de Vaamonde y la de una señora de su familia, ya que nos muestra idénticas armas. En la Sacristía, del siglo XVI, nos deleitamos con la bóveda y la cúpula. El “Coro”. Y la capilla del Rosario…

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