Opinión

Manuel Murguía y su ‘Historia de Galicia’

Isaac Otero | 17 de marzo de 2011
Merced a la figura de Manuel Murguía la teorización de la “identidade galega” nos ofrece, después de los “precursores”, un “salto cualitativo”, puesto que él fue, por así decirlo, el creador del discurso teórico Galicia-Nación que centrará toda la ideología galleguista a lo largo del siglo XIX y una época muy estimable de XX. Convendría resaltar en su pensamiento la cuestión de “etnicidade” como elemento configurador de la nación. Pues, en efecto, la etnia o la raza expresa el pueblo, esto es, el sujeto histórico; digamos que aquello que es irreductible a otras etnias, aquello que la “diferencia”. Partiendo, por consiguiente, de una etnia Galicia se asienta en una geografía e inicia su evolución: ciertamente, los pueblos, al igual que los seres humanos, establecen ‘etapas’ durante su desarrollo histórico.
Por otra parte, si consideramos el “contexto histórico”, hemos de dar relevancia a aquel instante en que en Europa el “mito de las razas” era aceptado por casi toda la intelectualidad, inclusive la clasificación en razas “superiores” e “inferiores”. Murguía aplicó entonces las teorías científicas y las verdades de la época a nuestra Galicia, mas agregándole la especificidad del “celtismo”, identificado con el grupo superior de la raza aria. Es preciso señalar que Manuel Murguía fue seducido en gran manera por las teorías racistas que se extendían Europa adelante. “El celta es nuestro único, nuestro verdadero antepasado”, escribió. Y que “la preponderancia de la raza céltica en Galicia es un hecho evidente”.
Como método de análisis de la realidad Manuel Murguía elige sin discusión el “historicismo” dentro de la historiografía gallega, el cual se distancia del habitual en su época: el “método filosófico”, es decir, idealista, el que juzga las concepciones ideológicas como auténtico “motor de la historia”. La obra del pensador A. Thierry es, desde esta perspectiva, la que ejerce mayor influencia. “A esta clase de trabajos cuadra mejor aquel otro sistema, tal vez más verdadero que el puramente filosófico, que puso en práctica el tantas veces citado Thierry –leemos en la ‘Introducción’ del tomo I de su Historia de Galicia–. Pues conserva como ninguno el carácter peculiar del pueblo, de los individuos y de los que el historiador va a ocuparse y éste es el que hemos adoptado”.
La documentación e información archivística la llevó a término nuestro historiador en Simancas y en diferentes archivos donde trabajó como facultativo del cuerpo de Archivos y Bibliotecas durante varias décadas. Podemos afirmar que Murguía fue el primer historiador gallego que recaba toda aquella información que sea susceptible de proporcionarle “noticias” y “datos” que él sistematiza: “La lingüística, descubriendo entre lejanos pueblos el misterioso lazo de familia que los une, la arqueología explicando por rudos monumentos la existencia y civilización de razas prehistóricas, la paleografía leyendo documentos que nos dan a conocer la vida íntima de los pueblos (…) permiten hoy al escritor presentar completo el cuadro de la historia y darnos a conocer el pasado en sus triples relaciones con el individuo, con la familia, con la sociedad”. Entre la primera y la segunda edición de su Historia de Galicia en 1866 y 1901, respectivamente, Murguía, pese a cambiar algo las circunstancias, reconoce que Galicia continuaba careciendo de un Archivo General así como de un Museo Arqueológico General.
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