Opinión

‘Lectura espiritual’ del cuadro ‘María que desata los nudos’

Isaac Otero | 02 de enero de 2018

“Allá por la década de 1980, el sacerdote jesuita Jorge Mario Bergoglio, durante sus estancias de estudio en Augsburgo, en la residencia de los jesuitas, quedó fascinado por el lienzo de Sankt Peter am Perlach, donde se representaba el papel de mediadora de la madre de Jesús, y decidió llevar a Buenos Aires algunas estampas de la misma: las distribuyó a los sacerdotes, a fin de divulgar su conocimiento”, escribe Paolo Nagari en su libro María que desata los nudos. Historia, novena y oraciones, Ediciones Mensajero, Grupo de Comunicación Loyola, Bilbao, 2015. He aquí la traducción del título original “Maria che scioglie i nodi. Storia, novena e preghiere”, Paoline, Editoriale Libri, Milano, 2014, cuya traducción al castellano corresponde a M.M. Leonetti.

Esta devoción cristalizó invocando a María en las bodas y en los conflictos de la vida de la persona. ¿Sus fiestas? El 8 de diciembre, el 15 de agosto y el 28 de septiembre. Recogiendo el testigo de Jorge María Bergoglio, el Padre Rodolfo Arroyo –párroco de San José del Talar de la capital argentina desde hacía escasos meses– hizo pintar en 1996 una copia del cuadro por un artista local y la expuso para poder venerarla en su iglesia. Así, “Nuestra Señora, la que desata los nudos” fue entronizada en presencia de miles de fieles. Ya arzobispo, monseñor Bergoglio consolidó su culto, sirviéndose también de su efigie como tarjeta de visita personal. El 8 de diciembre de 2011 el cardenal Bergoglio –futuro Papa Francisco– en el transcurso de una celebración en San José del Talar, subrayó: “Dios quiere que le confiemos los nudos de nuestros pecados para hacer que ella nos acerque a su Hijo Jesús”.

De tal modo se extendió esta devoción mariana por Sudamérica, que una pareja franco-brasileña –Denis y Susel Bourgerie– expuso una reproducción de la imagen en la iglesia de María Puerta del Cielo de Campinas, en Brasil, y desde entonces su culto se ha propagado por todo el mundo. Hoy se venera en muchas iglesias de América, Asia y Europa. El orfebre, internacionalmente famoso, Juan Carlos Pallarols –representante de una histórica familia de orfebres argentinos– ha diseñado una de sus obras de arte más trascendentes: un cáliz, que entregó al Papa Francisco en el verano de 2013. De plata, está decorado asimismo con símbolos jesuitas e iconos argentinos. Luce, grabadas, varias imágenes, entre las que se encuentran, la de Nuestra Señora de Luján –patrona de la Argentina– y la de “María que desata los nudos”. Si atendemos a la “lectura espiritual del cuadro”, proyectaremos una visión de conjunto acerca del cuadro.

Detectamos en seguida la luminosidad en la parte superior y la oscuridad en la inferior. María está situada entre el Cielo y la Tierra. Auténtico tabernáculo de Dios, está suspendida, “engastada como un diamante”, no sólo entre norte y sur, sino también entre este y oeste, entre un coro de ángeles y de arcángeles. Su cabeza, inclinada en señal de obediencia. Su mirada fija en el gran nudo que nos recuerda la atención que dedica a cada criatura de la tierra. Observemos el fulcro de un compás, que se abre sobre la parte redonda del cuadro. Aplasta a la serpiente. El autor se ha inspirado en un texto de San Ireneo. He ahí el ángel de la derecha, con la madeja de los “nudos” a la Virgen, y el ángel de la izquierda, con la “cinta” liberada. Abajo, el arcángel San Rafael y Tobías en busca de Sara.

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