Opinión

Iniciales testimonios sobre la ‘milonga’ y el ‘tango’

Isaac Otero | 30 de abril de 2018

Benigno B. Lugones escribió en el diario La Nación de Buenos Aires el 6 de junio de 1880 que la cuadrilla y los lanceros, la contradanza y el minué y, en general, todo baile de parejas separadas podían aceptarse, incluso en los ambientes más elevados. “Pero la polka, la mazurka, el wals y algunas otras piezas que están proscriptas en los salones de buen tono (habanera, schottisch y danza) son abominables en el más alto grado”. Don José Gobello –el inolvidable filólogo de la “lunfardía”, tantos años presidente de la Academia Porteña del Lunfardo– afirmaba la teoría de que el tango no es sino la africanización de la mazurka y la milonga: una danza no individualizable en su génesis, sino apenas un modo diferente de bailar ritmos ya conocidos.

El gran escritor Ventura Lynch aseveraba en La provincia de Buenos Aires hasta la definición de la cuestión Capital, Buenos Aires, 1883, que la milonga en tanto danza fue creada como una burla de los “compadritos” a los bailes que daban los negros en sus “sitios”. Al principio se baila separada –igual que en los candombes–; más adelante, se comparte y transforma en baile de pareja enlazada, sobre todo entre hombres. Así se mantiene hasta que pasa a los prostíbulos. Todavía en 1903 comprobamos cómo la revista Caras y caretas publica una serie de fotografías levemente burlonas en las que se ve a dos orilleros en una escena callejera ensayando “figuras” de tango. Como nos recuerda el gran poeta y ensayista Horacio Salas en su obra El tango, Editorial Planeta, Buenos Aires, agosto de 1986, el tango “se bailaba en las veredas, al compás de organitos que amolaban unas pocas melodías”. ¿Quién no visualiza aquella escena descrita por el entrañable poeta Evaristo Carriego? “En la calle la buena gente derrocha/ sus guarangos decires más lisonjeros,/ porque al compás de un tango que es La morocha/ lucen ágiles cortes dos orilleros”.

Ahora bien, tampoco conviene extremar; ya el baile era asimismo aceptado entre “parejas mixtas”. Evoquemos 1889, tres años después de que la representación del drama de Eduardo Gutiérrez Juan Moreira hubiese dejado de ser “pura pantomima”; durante la representación brindada por el circo de los “Hermanos Podestá”, se veían “parejas mixtas” bailando una “milonga”. Todo ello acontecía en el “cuadro final”, el cual se desarrolla en un prostíbulo donde el sargento Chirino sorprende a Moreira y lo mata por la espalda, cuando éste intenta huir. Durante el anterior “bailongo” aparecían algunas parejas dando unas vueltas “sencillitas”, accesibles para el ámbito familiar. Los hermanos Bates aseguran que este “tema en cuestión” habría sido escrito específicamente para la obra por Antonio Podestá bajo el título de La estrella.

Pensando en este público “ciudadano”, no mucho después de 1889, se presentaría una nueva “milonga”, en esta ocasión escrita por Eduardo García Lalanne. ¿Su título? Ensalada criolla, para la revista El estado de un país o La nueva vía, estrenada en el teatro “Goldoni” (“El Liceo”, en la actualidad) de Buenos Aires. Eran tres “temas” populares. García Lalanne supo enlazarlos bien. En el escenario, los tres “compadres” –protagonistas de la revista– bailaban entre ellos, siguiendo la costumbre ya generalizada. El tercero era la “milonga” llamada Ke-Ko o Queco, también denominada Milongón, según algunos autores uno de los primeros “tangos” que se conocen.

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