Opinión

El Hospital Real de la plaza de ‘O Obradoiro’

Isaac Otero | 06 de abril de 2020

“Nesta época xa era norma estabelecer os centros hospitalarios fóra das cidades e en lugares ben venteados para que o aire axudase a limpar o pesado ambiente das salas. O espazo elixido aquí estaba situado nun lugar elevado e orientado cara o bosque de San Lourenzo. Cumpría os requisitos de ser un lugar a idea do ben orientado. Tamén tiña detrás unha boa manchea de hortas, que será o lugar cara onde medrará o Hospital xa no século XVIII, baixo a dirección de Lucas Ferro Caaveiro, que lle dá a configuración actual que ten en planta”, escribe Manuel Vilar Álvarez en su monografía A Praza do Obradoiro, ediciones ‘A Nosa Terra’, colección ‘Arte na Pedra’, ‘Concellería de Cultura’, Ayuntamiento de Santiago, 2005.

No obstante, no sucederá hasta 1501, cuando podemos afirmar que las obras se inician, tras haber comprado varias casas y huertas que componían la barriada de ‘A Trindade’. Los propios reyes concederán el diseño del nuevo hospital a los hermanos Antonio y Enrique Egas, quienes por entonces se encontraban trabajando en la ilustre ciudad de Toledo: arquitectos de toda nombradía para el criterio de los monarcas.

Así, pues, el de Santiago de Compostela será el primero de una serie de hospitales, los cuales rompen con las ‘tipologías medievales’, importando un paradigma de planta renacentista, y que más tarde levantarán en ciudades tan señeras como Granada y la imperial Toledo.

Ambos arquitectos –los hermanos Antonio y Enrique Egas– conciben el edificio como un acervo de dos pabellones –uno para hombres y otro para mujeres– relacionados con dos patios y centrados por una iglesia con planta de cruz latina. Sustancialmente, la estructura continuaba bebiendo de las antiguas ideas del Medievo, que entendían la asistencia como algo estrictamente espiritual. Por ello, la presencia de la capilla como organizadora de la planta del hospital. Las obras, por tanto, estarán bajo la dirección de Enrique Egas, ayudado por Xoán de Lemos, entre los años 1501 y 1517, aunque no finalizarán hasta 1527: año en que se cierra la bóveda de la capilla. En 1511, sin embargo, ya venía gente ocupando las diversas galerías.

Para su edificación se empleó piedra caliza originaria de Coímbra. Pero su debilidad para el agua hizo que estuviese a punto de derrumbar muy pronto el edificio en varias oportunidades. De manera que, ya en 1553, el arquitecto de Salamanca Rodrigo Gil de Hontañón ha de intervenir en los patios, que se hallaban en deficiente estado. Así en 1678 Frei Tomás Alonso se ve obligado a reedificar la fachada. Los patios llevan en su centro una fuerte artísticamente trabajada. La del patio norte fue llevada a término por Xácome García en 1510, hipotéticamente siguiendo el diseño marcado por Egas. Las puertas de acceso a los mismos revelan una notoria influencia del arte ‘manuelino’ portugués.

Tomás Alonso realizó el balcón que recorre toda la fachada. Una de sus esenciales funciones era el ser un lugar privilegiado para la contemplación de los espectáculos que se celebraban en la bella y espaciosa ‘Praza do Obradoiro’.

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