Opinión

Historia y riqueza submarina de las Islas Cíes

Isaac Otero | 19 de octubre de 2020

 

Estamos en las islas Cíes, en plena Ría de Vigo, expectantes ante el anhelado título de “Patrimonio de la Humanidad” que otorga la UNESCO, árbitro de la Cultura europea. Si ahora deseamos continuar con el sabor de su Historia, habrá que evocar cómo durante la primera mitad del siglo XIX llega a ser pacífica la situación, tras las pertinaces incursiones de corsarios y piratas en las viejas “Illas Siccas”, esto es, “Islas Secas”, de abolengo latino. La sombra de Francis Drake –el pirata inglés– era ya un pretérito de saqueo y devastación en las aguas atlánticas.

Mediado el siglo XIX, por ende, se construye el “Cuartel de Carabineros del Reino”, así como dos fábricas de salazón: una, en la isla Norte, y otra en la isla Sur. He aquí que algunas familias procedentes de la Península de Morrazo retornan a este idílico paraje, a fin de instalarse en ellas. ¿Y de qué viven? De la pesca, del trabajo en las fábricas, al igual que de la agricultura y el ganado caprino y ovino. Durante esa época, asimismo se construye el faro del así denominado “Monte Faro”, es decir, en la isla “Do Medio”, unida por el “Lago dos Nenos” a la isla Norte de Monte Agudo.

Ahora bien, en 1840 se “ordena” –administrativamente– al municipio de Vigo; pero ya después, en los años ’50, empieza la salida de los isleños hacia tierra continental, a causa de las nefastas condiciones de vida que sufrían. Entre ellas, la carencia de energía eléctrica, asistencia médica y soledad comunicativa.

De tal manera que hacia 1970 son, prácticamente, abandonadas, coincidiendo también con el conocido “auge del turismo español”. Actualmente, tan sólo permanece todo el año en las Islas el personal de Servicio de Medio Ambiente. Y he aquí cómo en 1980 son declaradas “Parque Natural”, recordando que desde 1984 son propiedad de la Comunidad Autónoma de Galicia.

¡Fondos submarinos! Hallamos en las Islas Cíes algunos de los “ecosistemas” más preponderantes de las costas gallegas, en caso de que a flora y fauna deseemos referirnos. El perímetro de este Parque Natural contempla una franja marítima de protección, la cual comprende hasta la “isobara 10”, integrando gran variedad de “biotopos” costeros y marinos. En cuanto a las algas, su biodiversidad es inmensa. Desde los grandes bosques de algas pardas (de los géneros ‘Laminaria’ y ‘Saccorhiza’), pasando por las algas rojas y verdes (‘Chondrus crispus’ y ‘Ulva rigida’), hasta los corales blandos del género ‘Gorgonia’.

No obstante, se encuentra también acá el alga “invasora” japonesa cuyo nombre botánico marino es “Sargassum muticum”. La “Consellería de Medio Ambiente” de la “Xunta de Galicia” ha programado un plan de “erradicación” de la misma. ¡Riqueza de crustáceos, moluscos y peces! Numerosas especies como centolla, nécora, percebe, navaja, almeja, pulpo (“Octopus vulgaris”). Además del choco, erizo, estrella de mar, anémona, sargo (“Diplodus sargus”), lenguado, congrio (“Conger conger”) y rodaballo.

¿Y cómo olvidarnos, en fin, de los hallazgos arqueológicos a causa de los numerosos naufragios en estas escarpadas costas?

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