Opinión

Por las hermosas tierras de Catoira y Cambados

Isaac Otero | 26 de noviembre de 2018

Estamos delante de las “Torres del Oeste” en Catoira, siguiendo la provincia de Pontevedra, costa norte. Los orígenes de esta fortaleza se remontan –arqueológicamente estudiados– a la época llamada “castreña” o “castrexa”. Si la consideramos como “castro”, esto es, siglos II a I antes de Cristo, de ese periodo se han hallado restos de cerámica y de armas de bronce. Cuando dio sus iniciales pasos la época de la Edad Media, todo este enclave se transformó en uno de los baluartes más sobresalientes de Galicia. A comienzos del siglo IX, Alfonso III inició la reconstrucción del “Castellum Honesti” en la desembocadura del río Ulla: así empezó a difundirse su leyenda en la defensa –haciendo frente a los pueblos normandos y sarraceno– de Santiago de Compostela, la Ciudad del Apóstol.

En los albores del siglo XIII, la monarquía cedió la fortaleza a la “Mitra Compostelana”, de modo que los obispos Cresconio y Diego Peláez continuaron conservando sus defensas como lugar principalísimo para preservar el poder de Compostela. Desde el siglo XV, durante el reinado de los Reyes Católicos, este privilegiado enclave dejó de tener su punto estratégico, iniciando así su decadencia. A partir de 1970 se llevó a cabo la restauración de sus ruinas, de suerte que fue declarado “Monumento Nacional” y “Monumento Artístico Nacional” bajo la protección de la “Declaración” genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, así como de la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Ahora nos dirigimos hacia Cambados. La fundación de esta villa se atribuye a Witiza, rey visigodo, si bien los fenicios ya habían explotado sus salinas. En gran número nobles y familias ilustradas acá se asentaron, edificando “pazos” y casas señoriales durante los siglos XVII y XVIII, y por añadidura torres y “solainas”, capillas y jardines. ¡Oh “Pazo” de Fefiñáns! Hermoso conjunto del siglo XVI constituido por el Palacio de Fefiñáns en la gran plaza que ostenta su nombre: el arco-puente, una atalaya-mirador conocida como la “Torre del Homenaje” y la iglesia de San Benito del siglo XVII. ¡Empedrada plaza de inconmensurable belleza!

Nos aproximamos ahora –“flaneando” por sus alrededores– al “Pazo” de Bazán, circundado por bellísimos jardines, en la actualidad habilitado como “Parador de Turismo”. He aquí el “Pazo” de Torrado, del siglo XVIII, que nos brinda una escueta decoración, en la cual contemplamos un clásico “patín” propio de la época. Más allá nos encontramos ante menudas y típicas casas de “aire marinero”. Entre ellas… ¡la Casa-Museo “Ramón Cabanillas”! ¡También una de las viviendas de Ramón María del Valle Inclán!

Si vamos al interior, encontraremos las ruinas de la iglesia ojival de Santa Mariña do Dozo, del siglo XVI, que tan sólo conserva los arcos tallados con bolas, peregrinos y representaciones de los vicios. A unos pasos, el “Pazo” de Doña María de Ulloa. Por acá y acullá, late siempre el corazón marinero de Cambados. Este origen lo observamos detrás del “Pazo” de Montesacro y su capilla anexa, en el barrio de Santo Tomé, en donde las angostas callejuelas desembocan en el mar. ¡He acá la Torre de San Sadurniño, una fortificación de génesis medieval, destruida tras los inmisericordes ataques de los normandos!

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