Opinión

‘As Frieiras’, las puertas de Galicia

Isaac Otero | 12 de marzo de 2018

Tras haber dejado Benavente y Puebla de Sanabria –mítico lago, literariamente célebre, al igual que su castillo–, la Portela de A Canda, ‘concello’ de A Mezquita, se ha abierto ante nosotros. Entre la bruma y la pasión del verde, nos hallamos en la zona oriental de la provincia de Ourense. En el laberinto de leyendas y misterios se nos convida a conocer la atmósfera de la capilla de San Antón, cuando un vecino de A Canda iba hacia A Mezquita y, pasando por la fuente de A Lama, miró hacia atrás y vio cómo su casa estaba en llamas. Regresó para apagar el fuego, pero antes entró en una casa donde había una imagen de San Andrés. Postrándose ante ella, le impetró fervorosamente: “Meu santiño, se me apagas o lume da casa, de certo que che fago unha capela”. El fuego se extinguió y el paisano gallego cumplió su promesa.

¡Tierras húmedas y frías de As Frieiras! Tan desconocidos son sus paisajes que sus propios habitantes ignoran su orografía de valles y gargantas y elevadas sierras, siempre esquivas para la construcción de modernas vías de comunicación. ¡Triste destino de “parada y fonda”! Rudos campesinos a la luz de agrestes montañas con amplias extensiones de viñedos. El cerdo y la caza –es innegable la huella leonesa– engrandecen su afamada gastronomía. ¿Quién no recuerda, etnográficamente, la tradición de ‘Os Maios’ y ‘O Entroido’? Si bien algunos autores incluyen varios ‘concellos’ de Viana, son A Gudiña y A Mezquita los que constituyen la comarca designada “Terra das Frieiras”: frío, transición y paso con la “vieira” del “Camiño de San Xacobe” hacia Compostela.

¡“Uces”, “carpazas” y brezos de las tierras de A Mezquita, nacida en Torre de Pedreira! Una de las comarcas más despobladas de Ourense –a causa tanto del frío como de su orografía–, continuamos en plena “Torre das Frieiras”. Aldeítas tan recónditas como Pereiro se recorren en A Mezquita, reveladora de “mámoas” y “antas”, “castros” y demás vestigios arqueológicos que nos remiten a la época prehistórica. Entramos ahora en el llamado “palacio” de A Mezquita.

En el patio de uno de los herederos nos relata cómo hasta hace poco tiempo residió allí su abuela Doña Ildefonsa Francisca R. Asenjo, quien recibió en herencia la propiedad de sus ancestros, que fueron quienes compraron el “pazo” a la familia de Láncara. Portada plateresca en su fachada, con arco de medio punto enmarcado en alfiz, nos muestra molduras de inspiración árabe. Leemos la fecha “1440” en el centro del “arrabá”. Ascendemos la escalera terminada en “patín” –a la izquierda de la fachada– desde donde se nos regala una bella vista de la iglesia de San Martiño. A la derecha de la puerta contemplamos un escudo redondo con las armas de los Cadórniga y una hermosa ventana otro escudo, enmarcada con alfiz.

En el ámbito de este “palacio” de A Mezquita, no obstante, lo que nos atrae son las “marcas” de cantero de los sillares cuadrados de piedra que, según algunos historiadores, proceden de la “Torre Pedreira”: una antigua construcción –al estilo de las de A Limia– de la cual tan sólo nos queda el topónimo en el contorno de su supuesto emplazamiento. He aquí, frente al “pazo”, la iglesia de San Martiño –construida por el arquitecto santanderino Simón de Monasterio en la primera mitad del siglo XVII– que exhibe su torre cuadrada con campanas y obeliscos.

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