Opinión

Evocación de Alfonsina Storni en Mar del Plata

El 25 de octubre de 1938 Alfonsina Storni se internó voluntariamente en el vivísimo oleaje de la playa de ‘La Perla’ en la bella y balnearia ciudad de Mar del Plata, a 400 quilómetros al sur de Buenos Aires. Como tenía por costumbre, se hospedaba en la pensión ‘San Jacinto’ en la calle ‘Tres de Febrero’, cuyo propietario era José Porto y Celinda, su ‘mucama’. Su angustioso dolor –“mi neurastenia”, escribió ella en poética “metonimia”– no era sino un cáncer de pecho. “Lágrima cuadrada”. “Almas en fila”. “Selvas de cemento”. Aquella pensión se convirtió después en hotel, parrilla y restorán que perpetúan su propio nombre. Evoco ahora aquellas primeras semanas de septiembre de 1990, cuando, por vez primera, tanto el ‘viejo’ Rogelio Arjones, ya fallecido, como Susana Berta Beguiristain, se encargaron de que yo los acompañase para, al instante, inmortalizarnos en la fotografía. Por el Paseo Costero ‘Jesús de Galindez’ nos apropincuamos a su Monumento esculpido por Perlotti –el autor del admirado, con bajorrelieves, en honor del General José de San Martín–, el cual se halla excavado en un bloque de granito, donde se pueden leer no pocas placas de bronce: alguna de ellas anónima y dramática, eternizando su memoria.

En el 79º aniversario de su muerte, ¿cómo olvidar sus versos de “la muerte no ha nacido, está dormida/ en una playa rosa…”? Escuchamos ahora, junto con la letra de Félix Luna, aquella música de piano del ya desaparecido Ariel Ramírez, elegíaca canción milagrosamente propaganda por el mundo. “Dientes de flores” y “cofia de rocío” le obsequió el océano Atlántico a la frágil “Espuma-Storni”. Ella había soñado con ir a dormir en una cama “un poco más azul/ que el mar”. Y bajo los “sótanos sombríos”, la “Golondrina-Storni” se sintió “fatigada” –en medio del “Hombre y la Ciudad”– por aquella conculcada “misión de rosa”.

La lectura de sus libros me animó en varias oportunidades –mediante publicaciones y conferencias– a estudiar los paralelismos existentes entre Alfonsina Storni y Rosalía de Castro. “Suicida infeliz” y “Corazón negro” para la Cantora Gallega del Sar. Y “el mar”, la “nodriza fina” en la poetisa y musa del Plata. “La saudade”, el ser y la muerte, el “complejo de Polícrates”, analizado metafísicamente por el célebre psiquiatra gallego Rof Carballo. Tras su “Voy a dormir”, para Alfonsina entregó “achiras”, hermosas flores rojas, en la ciudad, simpáticamente abreviada, de “Mardel”.

El profesor y poeta Lucrecio Pérez Blanco publicó en 1975 La poesía de Alfonsina Storni, tesis doctoral presentada en la Universidad Complutense de Madrid: el análisis más completo desde la perspectiva biográfica y literaria acerca de la inmortal poetisa. Primeramente estudia la poesía “femenina” de los primeros 15 años del siglo XX. En seguida, las “claves” biográficas. Al presentar su obra en verso, disecciona todos sus libros: La inquietud del rosal, El dulce daño, Irremediablemente, Languidez, Ocre, Mundo de siete pozos y Mascarilla y trébol. A través de sus 7 libros aborda sus “temas” esenciales: la vida, el amor, la muerte, el mar. Y asimismo, Dios y la religión, la mujer y ella-mujer Alfonsina Storni, además del Hombre y la Ciudad. Los “vehículos literarios”: símbolos e imágenes, la métrica, el verso, la rima y el ritmo. Estima dos etapas: la del postmodernismo y la vía hacia una poesía de vanguardia. Y las huellas de Sor Juana Inés de la Cruz, los románticos, Rubén Darío, Lugones, Nervo, Delmira Agustini, Gabriela Mistral, Fernández Moreno y Jorge Guillén.

 

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