Opinión

‘O encaixe galego’: evolución y temas decorativos

“Xa camiña o encaixe polos vieiros ibéricos, collendo xeito nas variadas clases que levan a artesanía cara ó progreso creativo e organizativo. Distintas épocas determinan distintos graos de apoxeo. Por mar e terra chega esta arte a España, espállase e acomódase en zonas adiantadas e noutras que manteñen o primitivismo que vai servir para que o encaixe acade unhas raigames e un desenvolvemento con personalidade propia. Galicia recada elementos destas dúas variantes, culta e primitiva ou popular, e fúndeas no seu longo proceso de afianzamento”, asevera el etnógrafo y profesor Mario Gallego Rei en su obra Os encaixes, ‘Ir Indo, Edicións’, Vigo, 1989.

“Foi fecunda Galicia, aínda o é hoxe, no sostemento de industrias domésticas auxiliares da agricultura e da pesca”, señala el profesor Alfredo García Ramos en su libro Arqueología jurídico-consuetudinario-económica de la región gallega, Madrid, 1912. Estamos observando el mapa de Galicia: las zonas de “encaixe” abarcan desde O Ferrol, A Coruña e Malpica hasta Camariñas, Muxía, Cee, Carnota, Muros, Noia, Santiago de Compostela y Santa Uxía de Ribeira. Al nordeste, Lugo y A Fonsagrada.

El modo más antiguo de “entrecruzado” sería este de fibra, que no abandonó su predominio hasta el siglo XX, cuando fue sustituido por el algodón trabajado en las fábricas de Cataluña. He ahí en la red de pesca –tal vez también en alguna clase de caza– el primer acercamiento a un trabajo artesanal e indudable semejanza con el “encaixe”. Se cambiarán los materiales e incluso las prácticas, es decir, de la mano a la almohada, de la aguja al palillo. La sustancia, sin embargo, de “entrelazar fíos”, continuará siendo la misma. “É importante sinala-lo vieiro histórico que seguiron os celtas –nos recuerda el profesor Mario Gallego–, pois antes de chegaren a Galicia mantiveron asentamentos na ribeira do Guadiana, onde contactaron cos íberos, pobo que desenvolveu a súa cultura máis básica na meseta castelá, na que se atoparon, en varias escavacións, diversas clases de mallas para os guerreiros, e lenzos e trenzados para as damas, ademáis de redes para as súas necesidades primarias”.

He acá un “pano de man galego”. ¿El camino del “encaixe” del Medio Oriente hasta nuestras costas acaso no pudo pasar por las naves griegas, a través de sus colonias establecidas en el Noroeste peninsular, tal como señala Prudencio Rovira en su estudio El campesino gallego. “Apuntes sobre su condición social”. Madrid, 1904? Dos motivos del estilo Románico –durante los siglos XI al XIII– alcanzaron a constituirse en fundamentales dentro del trabajo artesano del “encaixe”: el vegetal y el geométrico.

En cuanto a los temas vegetales, son muy estilizados y suelen responder, con frecuencia, a influencias ajenas. Sus elementos más señalados fueron los florales: las hojas, los ramajes y las rosetas, todo relacionado con el entorno donde se realizaba el “encaixe”. Asimismo, dibujos de animales en los “encaixes” antiguos, sobre todo de carácter religioso. Si nos referimos a los motivos geométricos, diremos que corresponden a tradiciones locales, propias de los viejos pobladores de Galicia: “sogueado”, “molinete” o círculo con radios ondulantes, “zig-zag”, “rombos”, “espirais”, imagen de los “petroglifos” galaicos, “circunferencias secantes” y “bolas”.

 

 

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