Opinión

‘O Encaixe galego’: evolución en la historia de Europa

“Nestas datas de primeiros do XVI (1520) foi cando o conde Fernando de Andrade marchou a Flandes con moitos nobres galegos e unha chea de soldados da comarca de Pontedeume, lugar onde se atopa o castelo da familia Andrade. Estas viaxes trouxeron, segundo as crónicas da época, dos Países Baixos á nosa Terra esta ‘industria tranquila e caseña copiada dos ‘beguinages’ belgas”, puntualiza el etnógrafo y profesor pontevedrés Mario Gallego Rei en su ensayo Os Encaixes, ‘Ir Indo Edicións’, colección ‘Raigame’, Vigo, 1989.

Así, pues, este ejército contribuyó a una mayor conciencia de esta artesanía, puesto que no pocos de tales soldados regresaron a sus casas, no sólo con modelos, muestras y encajes, sino incluso casados con mujeres –nobles o plebeyas– que conocían y practicaban el arte. Flandes, por tanto, nos concedió unos nuevos modelos, mejor técnica y propaganda, con el fin de vender los encajes entre la nobleza, que anhelaba “ir a la moda europea”. Y al mismo tiempo, significó un impulso de extensión en el litoral norte gallego al regreso de los soldados que habían emprendido su marcha a las órdenes de Andrade.

He aquí que esta triple realidad y referencias tal vez podrían estar acompañadas de numerosísimos datos, si bien quizás sea suficiente con recordar que “xa en 1525 na vila de Muros, con máis de 1.000 veciños se facían longas viaxes marítimas a Portugal, Andalucía, Francia, Flandes, Inglaterra, Italia e outras nacións”.

“O encaixe acadou grande desenvolvemento durante as épocas dos Austrias e dos Borbóns, non soamente en Galicia, senón tamén no resto de España”, nos recuerda el profesor Gallego Rei. “Un Real Decreto –prosigue– chegou a declarar obrigatorio o uso de encaixes nas vestimentas externas. Isto parece confirmado pola enorme cantidade de pinturas da época dos Austrias que se garda en pinacotecas, nas que sobresae a diferencia existente entre as randas do século XV e os encaixes apreciados nos cadros do XVI; as primeiras, usadas coas súas composicións xeométricas elementais coa punta triangular, aumentan de tamaño no reinado de Felipe II, complicando as composicións, por máis que non se afastan do esquema triangular, curvilíneo ou rectilíneo”.

Al término del reinado de Felipe II se acrecentó el placer en el vestir por encima del coste de la pieza. Se empleaban los “encaixes” en puños y cuellos, pañuelos de mano y mandiles, en altares y adornos para el culto religioso o bien la decoración de muebles, como podemos apreciar en la obra Ars Hispaniae, Ediciones Alcolea, páginas 402 y siguientes. De todos modos, el hecho es que la época de los Austrias no significó el paso de la “agulla ó bolillo”. Durante los siglos XVIII y XIX será cuando la mayor perfección en la artesanía vaya unida a una más intensa relación peninsular y una difusión a tierras hispanas y luego a las americanas. A fines del XIX y comienzos del XX España ya presenta una artesanía del encaje, recíprocamente dignificada y dispuesta para competir tanto en Europa como en América. Con el reinado de los Borbones, “o encaixe galego” ya se encuentra mencionado en diversas clases de libros. Evoquemos asimismo los “soles de Salamanca”, los modelos catalanes de “Chantilly” así como la bella artesanía de Almagro.

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