Opinión

El cine mudo y el ‘Cinetófono’ de Edison

Isaac Otero | 15 de febrero de 2021

“El ‘Cinetófono’ de Edison fue sencillamente un gramófono oculto detrás de la pantalla del cine y sincronizado con el proyector por medio de cuerdas y poleas. Cuando la cuerda patinaba, la película perdía la sincronización. Si la cuerda se rompía, cesaba del todo el sonido. Fue esto una adaptación de un anterior artificio de Edison, construido antes de 1900”, asevera el cinéfilo Jesús Basáñez Arrese en su libro Rodolfo Valentino. En el 25º aniversario de su muerte, Bilbao agosto de 1951.

Es preciso recordar que uno de ellos se ha conservado en el ‘Science Museum’, South Kensington. He ahí cómo un rollo de película de unos 15 metros giraba de continuo, en tanto que un gramófono, al fondo de la caja, ofrecía la música apropiada. Aquella se miraba a través de una ‘mirilla’ en la tapa, mientras un reducido motor eléctrico hacía dar vueltas a la manivela en movimiento. Curiosamente, Edison realizó 13 “charlas” cortas para asuntos tales como ‘Brutus y Casius’, ‘In Bonnie Scotland’, ‘Jack’s Jake’ y ‘The old Violin’. Hubo asimismo un enfático discurso del comisario de Sanidad de Nueva York dedicado a sus empleados.

Ahora bien, la dificultad del “sistema Edison” era la de carecer de procedimiento de amplificación de los sonidos procedentes del gramófono, a fin de que pudiesen ser oídos en una sala grande. Recordemos que Eugene Lauste –llevando a cabo experiencias con sonido sobre las películas– había encallado en idéntico inconveniente ya en 1906. Pese a todo, logró registrar el sonido empleando el moderno método de “densidad variable”.

“Fue en 1925 cuando Sam Warner –uno de los cuatro hermanos Warner–, basándose en los experimentos legados por Edison, comenzó a ensayar el sistema ‘Western Electric’, de impresión por discos, que más tarde fue conocido como ‘Vitáfono”, prosigue el ensayista del cinematógrafo español Jesús Basañez Arrese. De modo que, satisfecho de aquellos resultados conseguidos con varios trozos breves de música, Warner retuvo la primera de sus postreras y grandes películas mudas: ‘Don Juan’, con el propósito de adaptarle una completa partitura musical.

Y así, el 6 de agosto de 1926 ‘Don Juan’ llegó al ‘Teatro Warner’, de Nueva York. Curiosamente, el programa –matizando que el entonces ya gran Barrymore no era la principal estrella de aquella noche–, anunciaba: “Vitáfono’, con John Barrymore, en ‘Don Juan”. No sería en vano evocar cómo antes de la película principal se exhibieron ocho o nueve películas cortas, insertando un discurso por el censor Will Hays; presentando el nuevo artificio fragmentos de óperas cantados por estrellas de la ‘Metropolitan Opera’, interpretando Mischa Elma la célebre ‘Humoresque’ de Dvorák.

Conviene decir también que ‘Don Juan’ no era una película hablada, si bien estaba acompañada por la Orquesta Filarmónica de Nueva York en discos ‘Vitáfono’. Fue, con todo, la primera película sonora comercial completa. De tal manera que los ‘Warners’ determinaron lanzarse arriesgadamente en la novísima invención. No pensaron, sin embargo, en introducir el “diálogo dramático”. Algunos, no muy intuitivos en Hollywood, afirmaron que “destruiría la ilusión, llegaría a detener la acción”.

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