Opinión

El ‘Catastro del Marqués de la Ensenada’ y el lino gallego

“Na minguada documentación coa que contamos para segui-lo camiño histórico do noso encaixe no século XVIII, atopamos unha fonte de variada aplicación: o Catastro de la Ensenada, ó que imos facer referencia pola súa importancia para o coñecemento da poboación e da economía de Galicia. A nosa incursión escolmará Pontevedra, como capital urbana; O Grove, como vila mariñeira e a Terra de Trasdeza, como comarca interior”, nos indica el profesor y etnógrafo gallego Mario Gallego Rei en su monografía Os Encaixes, ‘Ir Indo Edicións’, colección ‘Raigame’, Vigo, 1989.

Porque, en efecto, con la subida al trono del primer Borbón se colman los sillones del gobierno español de “homes ilustrados”, orientados a dar al pueblo el mayor bienestar, así como levantar su preparación cultural. En cuanto a lo económico, se pretende mejorar la agricultura, la industria y el comercio. Así nos lo recuerda la historiadora Josefina Fernández Mosquera en su estudio ‘Pontevedra, según el Catastro del Marqués de la Ensenada’, Museo de Pontevedra, tomo XVIII, 1963, página 9. De modo que las mejoras iniciadas por Felipe V fueron ampliadas por Fernando VI con ayuda de una ilustre personalidad: el Marqués de la Ensenada, Don Zenón de Somodevilla y Bengochea, el ministro que merece todo encomio. El cual –según Canga Argüelles­– claramente traza la figura del “perfecto ilustrado” dedicado a acrecentar la riqueza española.

En la villa de Pontevedra había durante esa época el número de 320 ‘palilleiras’ y 13 comerciantes de ‘encaixe’. En este mismo oficio la ‘vila mariñeira’ de O Grove, en 1753, nos encontramos con 17 ‘palilleiras’. Si nos referimos a la jurisdicción de Trasdeza, observaremos cómo en esta mayor parte del actual término municipal de Silleda figuran 52 ‘palilleiras’, como nos señala el historiador Hilario Rodríguez Ferreiro en su estudio ‘La tierra de Trasdeza, una economía rural antigua’, Santiago de Compostela, 1973. La producción comenzó por sencillos ‘panos de man’ para alcanzar los vestidos, juegos de cama y sombrilla. Las ‘feiras’ mostraban la venta popular. Nos hallamos, pues, ante una producción integral, ya que la materia prima –el lino– era cultivado por toda Galicia. O ‘fiado’ y el ‘palillado’ asimismo se elaboraban en nuestra Tierra Gallega.

Después del siglo XVIII hubo que importar el lino del extranjero, del que existía una gran oferta. De manera que por ‘o peirao’ de Carril entraron distintos cargamentos de ‘liño’ de origen ruso y finlandés. El economista Eugenio Larruga nos dice en 1787: “As máis das mulleres exercítanse en facer encaixes de fío que elas mesmas preparan e que sirven para gornecer roupas, pero non hai fábrica formal”. En sus Memorias políticas y económicas Larruga destaca lugares de importancia ‘encaixeira’: a ‘vila galega’ de Cee, en Fisterra; la de Fefiñáns y Vilariño, en Cambados; en Pontevedra, en Vigo y A Coruña, puertos por donde partían hacia Ultramar. Claro es que la recolección del lino y sus manufacturas son los pilares del sostenimiento de la industria del encaje. De ello dan idea las cantidades que consume la fabricación de lienzos. Sólo en la villa de Padrón –según Eugenio Larruga– existían en la segunda mitad del siglo XVIII un número de 520 telares, que rendían 600.000 varas de lino de cuatro cuartos de ancho.

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