Opinión

El arzobispo Diego Xelmírez y Santa María a Real de Sar

Isaac Otero | 09 de diciembre de 2019

Munio Afonso –antiguo miembro del cabildo de Santiago de Compostela–, el auténtico iniciador en la fundación del monasterio de Sar, fallecido el 26 de junio de 1136, sin poder ver cumplido su anhelo; antes de su muerte, no obstante, a su fiel amigo y ya arzobispo de Compostela Diego Xelmírez le encomendó la realización de su tan soñado proyecto. De modo que Xelmírez, que por entonces mantenía magníficas relaciones con la influyente abadía benedictina de Cluny, en Borgoña de Francia, asimismo se interesa por las novísimas tendencias espirituales de Occidente, como es el asunto de los “canónigos regulares de San Agustín”. Al fundarse en 1130 el convento agustino de Santa Cruz de Coimbra en Portugal, comienza una corriente de expansión de las comunidades agustinas hacia el norte del río Miño.

He ahí, pues, la geografía de Sar como la elegida por Munio Afonso: un escenario ideal para la creación de una congregación de canónigos regida por esta “Regla”. Su constitución también satisfacía por partida doble al arzobispo Diego Xelmírez, pues así podía llevar a término el postrer deseo de su leal colaborador. El 1º de septiembre de 1136 se rubrica el “diploma fundacional”: uno de los documentos históricos conservados más valiosos del legado cultural de Santa María de Sar, el cual será confirmado por el rey Afonso VII el 20 de julio de 1137. Ello significa la constitución de la primera comunidad agustina de Galicia, que se suma así a las nuevas y reformadoras tendencias espirituales de Europa.

Diego Xelmírez –con el fin de instaurar felizmente la fundación– fomenta los lazos entre los canónigos regulares y la sede compostelana. Se compromete a mantener los cargos y privilegios de aquellos canónigos de la catedral de Santiago que determinasen trasladarse a vivir a la comunidad agustina de Sar. Firme decisión la del primer arzobispo compostelano para la creación de este nuevo priorato.

Si atendemos a la construcción del edificio medieval de Santa María de Sar, conviene recordar que se inició con las obras de las capillas de la cabecera de la iglesia, las cuales dan comienzo durante el segundo tercio del siglo XIII bajo la directa influencia del taller de los constructores de la catedral compostelana. Así, pues, el arzobispo Diego Xelmírez la consagró antes de su muerte, en 1140, cuando todavía faltaba mucho tiempo para su remate, que muy previsiblemente se sitúa en los primeros años del siglo XIII. Las características del estilo arquitectónico en Sar guardan la inevitable referencia respecto del Maestro Mateo, el creador del inconmensurable “Pórtico da Gloria” de la basílica de Compostela. Rasgos artísticos que se prolongarán en ulteriores años.

De tal manera que el “obradoiro” compostelano se encargó del remate de la iglesia así como de la construcción del claustro y las dependencias monásticas, durante las postreras décadas del siglo XII y comienzos del siglo XIII. Mediante la concesión de donaciones, exenciones y privilegios a la comunidad agustina el apoyo de la Corona se convirtió en una constante a lo largo de toda la Edad Media. Ello queda reflejado en la documentación medieval de Sar lo mismo que en otras de índole jurisdiccional, administrativa y hospitalaria.

 

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