Opinión

Antiguos y nuevos topónimos de Tierra del Fuego

Isaac Otero | 30 de agosto de 2021

“Después vino ‘Tierra de Fuego’, para algunos la soñada ‘Cola del Dragón’ de los Tolomeos. Los autóctonos la llamaban ‘Yaktemí’, ‘Ayukenk’, ‘Yac Haruin’, ‘Tkoyuská’, o ‘Tkeyuská’, ‘Karukinká’ o ‘Karuinká’, ‘Huisiac cu’, ‘Oneshin’ o ‘Kojokeren’. Los blancos comenzaron a incluirla en la ‘Brasilia inferior’ o en la ‘Terra Australis incógnita’, hasta que finalmente la llamaron ‘Tierra al Sur del Estrecho’, para continuar por ‘Tierra de Mauricio’, ‘Tierra de Játiva’ y ‘Tierra Meridional del Rey Carlos II’. Triunfó el nombre megallánico de ‘Tierra de Fuego’, escribe el historiador Juan E. Belza en su imprescindible obra ‘Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna’, Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra de Fuego, Argentina, 1978.

Antiguos topónimos designan a una parte o al conjunto de la tierra fueguina. Sabemos que sus primeros habitantes estables eran los ‘aus’, quienes la denominaban ‘Yaktemí’, esto es, ‘mi tierra’ o bien ‘Ayunkenk’, es decir, ‘tierra gente costa oeste’, o asimismo ‘Yak Haruin’. Durante la época europea, cuando el pasaje o estrecho invadió los planes de sus potencias mediterráneas, el territorio afloró de manera confusa. Según fuentes protohistóricas modernas, correspondía a la imagen de la ‘Cola del Dragón’. Más adelante, aún como pronóstico, brotó este complejo greográfico de la ‘Brasilia Inferior’, hasta que la fuerza triunfadora de Juan Sebastián Elcano en el puerto de Sevilla reafirmó al mundo la noticia de ‘tierras australes’ que semejaban anunciar un continente de ‘Tierras incógnitas’.

Es preciso recordar que todavía en las postrimerías del siglo XVIII Antonio de Alcedo en su ‘Diccionario geográfico histórico de las Indias Occidentales’ ponía en guardia a los amantes de los relatos fueguinos que “los viajeros que han estado en este país, han contado tantas fábulas de él, que cualquiera podría creer que todo es imaginario”. “Sin restringir la amplitud intencional del militar quiteño –señala el historiador Juan E. Belza–, me animo a añadir que no todas las paparruchas o hablillas que lo impresionaron nacieron de la imaginación exaltada o de las tendencias mitómanas de expedicionarios y narradores”.

Hemos de considerar igualmente que las condiciones del clima y la laberíntica geografía del extremo Sur, las exóticas costumbres y tradiciones de indígenas, así como las transcripciones erróneas de confusas relaciones y cartas de navegantes, acrecentaron su número de potenciales infundios. Para ello, la más patente ilustración será el examinar y revisar las circunstancias determinantes del actual topónimo ‘Tierra de Fuego’.

Los primeros cronistas europeos, declarantes y cartógrafos ejercieron el derecho de propiedad sobre la ‘res nullius’ y otorgaron nombre a diversos accidentes geográficos de la ‘banda sur del pasaje o estrecho’. Los cronistas de Magallanes mencionan al río de ‘las Sardinas’ –presumiblemente, a criterio de Martinic, la actual bahía de Fortescue–, al cabo ‘Deseado’ en la terminación del Estrecho y algún otro accidente. Consideremos que el presunto mapa de Juan Sebastián Elcano conserva apenas cinco referencias: ‘tierra de los humos’, tierra de los fuegos’, tierras nevadas’, ‘campana de Roldán’ y ‘cabo deseado’.

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