Opinión

Un alto en Larouco y en A Rúa-Petín de Ourense

Isaac Otero | 07 de mayo de 2018

Proseguimos nuestro camino hacia Larouco. Descendiendo la cuesta de Mendoia –desde Trives–, observamos los bancales bastante abandonados de viñedo. ¡Estamos pisando la verdadera calzada romana! Un camino de los de mayor anchura, donde ahora están asentados los postes de la subestación de electricidad. Causa tristeza que aún podamos ver ruinas de los muros originales que los campesinos emplearon como trasera en la construcción de las casitas para almacenar los aperos de labranza.

¿Y el topónimo “Larouco”? Desde luego que a todos nos remite al admirable trazado en “zigzag” de esta calzada romana “Via Nova”, el cual se encuentra en su mayor parte en la roca. En esta reducida población del oriente de la provincia de Ourense es el conocido bajo el nombre de los “Codos de Larouco”. Una auténtica obra de ingeniería que data del siglo II después de Cristo, que “faldea” la montaña desde Trives hasta el Bibei. Estamos ante el único puente romano de Galicia que mantiene intacta su “sillería” granítica. Atravesamos el puente y comenzamos el ascenso hasta el “Alto da Ermida Vella”. Huellas romanas nos asaltan acá y allá, tanto en la toponimia como en los numerosos restos hallados en esta bella y seductora comarca.

Algunos historiadores sostienen la teoría de que Larouco se deriva –etimológicamente hablando– de “Laravcos” o “Laravcus”, esto es, una divinidad prerromana similar a Júpiter. También estiman que fue el lugar donde se acuñaron las monedas visigodas de “Witterico” en las que se puede leer: “Laruclo”.

El ‘concello’ de Larouco, pese a poseer algo más de 23 quilómetros cuadrados, tuvo una notable participación dentro de la historia de la comarca, puesto que durante la guerra de la Independencia contra el invasor francés y asimismo en las guerras denominadas “carlistas” todos sus vecinos combatieron con singular arrojo. Si consideramos su ámbito artístico, hemos de resaltar la iglesia parroquial de Larouco y de Santa María de Seadur. Lo más sobresaliente, no obstante, es su geografía comarcal. Esta abrupta orografía, en efecto, establece paisaje de insólita hermosura. ¡Profundas y vertiginosas gargantas del valle! ¡Laderas en vertical jalonadas de generosos viñedos!

Si bien estas riberas del Sil y del Bibei son ubérrimas, la parte alta, empero, en todo tiempo adquirió la fama de ser tierra muy pobre. Permanecen en pie todavía alguna que otra casa a manera de mudos testigos de remotas épocas en que primaba la escasez del pan, porque no alcanzaban a cultivar el centeno suficiente.

Después, nos da su bienvenida el puente romano de “A Cigarrosa” entre “A Rúa” y “Petín”, en cuyas proximidades estuvo el “Forum Gigurrorum”. La villa de “A Rúa”, aunque se halla a mucha distancia de Ourense, la capital de esta provincia gallega, despliega una gran actividad urbana. Terreno llano y rojizo debido a los óxidos de hierro y a las aguas ferruginosas. ¡Sierras de “Os Cabalos”, la “Enciñeira” de Lastra, montes de Cereixido y Soldón! Férvidamente nos abrazan las aguas del río Sil y el benéfico sosiego del ‘encoro’ de San Martiño. “Es de aspecto limpio y agradable con buenas casas, algunas blasonadas”, escribió acerca de Petín el escritor y ensayista ‘ourensano’ Vicente Risco.

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