Opinión

Africanidad en el origen y vocablo ‘tango’

Isaac Otero | 23 de julio de 2018

La edición de 1956 de la Real Academia Española de la Lengua incorpora una nueva acepción acerca de la voz ‘tango’: “Copla que se canta al son de esta música”. Lo escueto de su forma nos exime de todo comentario. En 1970 –en el ‘Suplemento’ de su volumen– incorpora la voz ‘tanguista’: “(De ‘tango’) femenino. Bailarina profesional contratada para un espectáculo”. Tan sólo en la edición de 1984 la definición es más completa y silencia especulaciones etimológicas: ‘tango’: “(Voz americana) masculino. Fiesta y baile de negros o de gente del pueblo en algunos países de América. // 2. Baile argentino, difundido internacionalmente, de pareja enlazada, forma musical binaria y compás de dos por cuatro. // Música de este baile y letra con que se canta. // Honduras. Instrumento músico que usan los indígenas (…)”. (Lateralmente, “hay que anotar que el compás del tango ya no es –salvo excepciones– de dos por cuatro desde la década de 1920 y que Astor Piazzolla adoptó el cuatro por cuatro para sus composiciones hace ya ‘unos treinta años’, lo cual hace a la definición por lo menos incompleta”), señala Horacio Salas.

“De todas formas estas aproximaciones teóricas, aunque sirven para descubrir la escasa flexibilidad y el eurocentrismo de una Academia que debería mostrarse más estricta e interesada por lo que ocurre con la lengua fuera de la Península, no alcanzan para resolver este difícil problema etimológico”, afirma el gran poeta y ensayista Horacio Salas en su obra El tango (ensayo preliminar de Ernesto Sábato), Editorial Planeta, Buenos Aires, agosto de 1986, 1ª edición.

Si bien actualmente nadie es capaz de asegurarlo de modo definitivo y con un único criterio, las tesis en torno a un origen negro de este vocablo parecen ser las más convincentes y aquellas que nos presentan la mayor adhesión por parte de los filólogos y ensayistas. El escritor e historiador Blas Matamoro establece diversos juicios acerca del nacimiento del tango así como de este vocablo, considerándolo desde su “africanidad”. Asevera que “si se admite el origen africano del vocablo, se tropieza con la dificultad de explicar históricamente su importación a América, ya que nadie sabe lo que ‘tango’ quería decir en África. Más defendible es la teoría de considerar ‘tambo’ y ‘tango’ como voces de origen onomatopéyico. ‘Tambo’ se parece sugestivamente a ‘tambor’, el ‘tam-tam’ o ‘candombe’ de los bailes negros, largo instrumento de percusión manual. El pedido del bailarín, hecho en ‘bozal’ (dialecto de los negros esclavos) y dirigido al ‘candombero’, era ‘tocá tangó’ o ‘tocá tambó’ (‘toca el tambor’). La sinonimia y la semejanza fonética entre las palabras evocadas eran corrientes en las zonas del mestizaje entre blancos y negros: en Panamá, ‘tambor’ es el lugar de baile de los negros y, en la Buenos Aires de principios del 800, Barrio del Tambor era el barrio moreno”.

Es preciso recordar que, a comienzos y hasta la mitad del siglo XIX, las zonas de la ciudad con numerosa población negra eran varias y exhibían –Francisco Romay así lo refleja en su libro El barrio de Montserrat– agrupaciones exclusivas de negros en las que, según lo comprobado, se practicaban sus danzas.

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