Opinión

‘Tradición e innovación en Cunqueiro’ y José Luis Varela

Isaac Otero | 04 de diciembre de 2017

“Por mucho que huyamos de afirmaciones categóricas y de definiciones últimas, hay ciertos rasgos de estilo en la prosa de Álvaro Cunqueiro que remiten directamente a los resortes del oficio de escritor y a la razón final de su existencia de hombre. A esos rasgos y recursos me atendré con ejemplos en esta intervención, que cierra un ciclo de brillantes actuaciones con las que, sin duda, mantiene relaciones muy próximas”, escribe el que fuera insigne profesor y ensayista de la Literatura José Luis Varela en su obra Tradición e innovación en Cunqueiro, Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 1992. Espléndidamente ilustrada por Xulio García Rivas, esta bella publicación presenta la fotografía de Xoán Piñón y la coordinación a cargo de la ‘Galería Citania’ (María Antonia Pérez), impresa en ‘Galicia Editorial’.

El profesor José Luis Varela nos ofrecía la conferencia de clausura de los Cursos de Verano de la Universidad Internacional del Atlántico que tuvieron lugar en el Monasterio de Poio, el 9 de agosto de 1991, donde el autor coordinó el simposio ‘Cunqueiro y la literatura fantástica’, del 4 al 9 del mismo mes. El fabulador Cunqueiro cuando nos sitúa ante uno de sus personajes o juzga su propia manera de presentarlo, suele realizar lo que atribuye a Elimas con sus historias en su mítica obra Merlín e familia: “As parrafeo un pouco, saco as señas da xente, poño que estaba presente un tal que era coxo, ou que casara de segundas cunha xorda que tiña capital, ou que tiña preito por unhas augas, ou calquer outra leria…”. Luego agrega –parafraseando una célebre “boutade” de Ramón María del Valle Inclán–: “As historias, como as mulleres e os guisados, precisan adobo”.

“¿Precisábamos realmente tantas señas de identidad? ¿De dónde provienen? ¿Tienen en realidad algún objetivo específico?”, se interroga el profesor Varela. Se trata del uso de “semínimas” que literariamente proviene de la narrativa de Cervantes, ya que él otorgaba gran predominio a estas notas individualizadoras, denominándolas “semínimas” o “mínimas”. He ahí ciertas notas musicales de un “pianísimo” casi imperceptible. Desde el ángulo literario serían “notas anecdóticas”, esto es, menudos rasgos singularizadores, pero eficaces para centrar la atención del lector acerca de un personaje. Incluso hacer de una acción cotidiana y simple un recurso novelístico –“intrahistórico”, diría más tarde Miguel de Unamuno– inadecuado al teatro o a la poesía.

Tras un ejemplo extraído de Don Quijote, el afamado investigador considera que anteriormente se halla en el Lazarillo de Tormes, siendo, por otra parte, el embrión en el mundo de la narrativa primitiva de génesis oriental. “¿Está acaso la ‘semínima’ de Cunqueiro al servicio de la verosimilitud?”, se pregunta el agudo profesor. Extrae una cita cunqueirana de El año del cometa. En ella observamos que la “semínima” se ha disparado merced al anacronismo y el humor. Prosigue con algunos textos correspondientes a la novela Fanto Fantini. ¿Cuál era el sentido del “esteticismo” en Cunqueiro? El sagaz profesor recurre a un concienzudo texto del gran romanista Ernst Robert Curtius, incluido en un reconocido ensayo sobre el francés Marcel Proust: “El esteta puede ser un artista, un escritor, incluso un gran escritor. Pero será siempre un escritor, ‘alejandrino”. Cunqueiro –aunque algo de ese “esteticismo alejandrino” aflore en su obra– no forma parte de ese elitismo: prefiere los “clisés” arcaizantes vinculados a su Galicia rural e histórica. Cunqueiro va de “la literatura a su vida”, no de “la vida a la literatura”.

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