Opinión

‘Galicia del Camino’, conferencia del profesor Filgueira Valverde

“Algunas veces me han preguntado qué apelativo o dictado elegiría para calificar a Galicia, a la manera de ‘la dulce Francia’, ‘Italia, mi ventura’ o ‘Cataluña rica y plena’… Contesté que dudaba entre ‘Galicia do Camiño’ o ‘Galicia da Saudade’, que, en el fondo, vienen a decir algo análogo”, escribió el que fuera gran polígrafo gallego Don Xosé Fernando Filgueira Valverde en la ‘Introducción’ de su conferencia Galicia del Camino, pronunciada el 27 de julio de 1987 en la inauguración de los Cursos de la Universidad Internacional del Atlántico bajo el patrocinio de la ‘Fundación Alfredo Brañas’, dentro de los Cursos Superiores de Verano. La publicación correspondiente tuvo lugar en Santiago y Pontevedra, 1991, a cargo de la ‘Fundación Alfredo Brañas’ y la ‘Fundación Filgueira Valverde’, respectivamente. “De ahí, el tema y título de esta lección, apropiada para muchos de vosotros, pues venís de lejos a conocerla, que me parece cabal empezar, a la manera ignaciana, con una ‘composición de lugar’ y de lugar por cierto muy cercano a este histórico monasterio. Porque Don Ramón del Valle-Inclán, hijo y cantor de la tierra de Salnés, volviendo de un ferial por los altos del monte Castrove, descabalgó para reposar unos instantes y descubrió, de súbito, todo el trascendental sentido del paisaje, en la emoción de los innúmeros senderos que lo cruzan”. He ahí el recuerdo de la presencia de los asistentes en el Monasterio de Poio, en Pontevedra, y el sagrado perfume milagroso, y la leyenda del pájaro y el caballero San Ero de Armenteira desde el Tiempo Eterno. Dentro de la ‘Semiótica del Camino’, el profesor Filgueira Valverde nos explica cómo Fray Luis de León glosó la palabra “camino”, como nombre que Cristo se dio a sí mismo, según San Juan, 19, 6 y 21, enumerando algunos de sus contenidos. Evoquemos el “camiño longo” de la vida en los versos del gran vate gallego y cambadés Don Ramón Cabanillas. En su apartado titulado ‘Laribus valibus’ el escritor y académico Filgueira nos revela: “De esta compenetración entre la casa y el camino hay un testimonio impresionante. Los ‘lares’, divinidades del hogar y el culto doméstico se veneraban aquí como protectores de las ‘vías” y de quienes por ellas caminaban: son ‘Lares viales’. De todo el Imperio Romano es en Galicia donde abundan los epígrafes dedicados a ellos y quizás de aquí haya irradiado el culto. Son más de veinte las ‘aras’ dedicadas a ellos. Quizás hayan recogido la advocación de algún ‘numen’ indígena prerromano. Se les rindió con preferencia en los ‘trivia’, esas encrucijadas que todavía hoy son lugares fijados a prácticas y creencias mágicas”. “Pues encender cirios a las piedras, a los árboles y a las fuentes y por las encrucijadas, ¿qué otra cosa es sino veneración del demonio?”, condenaba, a mediados del siglo VI, San Martiño de Dume en su De correctione rusticorum, “el primer monumento de folklore hispánico”, a juicio del etnógrafo e historiador McKenna. En cuanto a los ‘Cruceiros’, ¿quién podría olvidar aquel hermoso y documentado libro de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, obra maestra de la erudición artística: el admirable tributo a esas creaciones tan gallegas que –como han cantado tantos excelsos poetas– parecieran brotar de la tierra misma. ¿Y la “Galaxia”, el “camino de las estrellas”? Es la “vía regia” que, para los místicos y ascetas, es la de la “unión” con Dios. He ahí la “Vía Láctea”. El “Camino de Santiago”, el “Xacobeo”…

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