Opinión

Petróleo mediterráneo

Elena Carbajales | 20 de mayo de 2013

La Zona Económica Exclusiva (ZEE) del Mediterráneo Sur se está convirtiendo en un nuevo pulso de interés geopolítico para países y multinacionales energéticas, un aspecto que implica una mayor atención por parte de la Unión Europea a su económicamente deprimida periferia mediterránea.
Desde 2008, la multinacional Noble Energy, de capital israelí y estadounidense, realiza importantes prospecciones petroleras y de gas natural en los bancos de explotación marítima de Chipre, país con el cual firmó un consorcio que puede paradójicamente convertirse en una indirecta salvación económica para esta isla mediterránea azotada en febrero pasado por la bancarrota financiera y el rescate de la ‘troika’ conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. Se cree que esta ZEE podrá extraer y exportar petróleo a partir de 2017.
El Mediterráneo Sur se lo están disputando, principalmente, Israel, Turquía y Rusia, bajo la atenta mirada de dos aliados sumidos en la crisis económica como Chipre y Grecia. Israel es la que mejor parada puede salir, tomando en cuenta su implicación en la multinacional Noble Energy y sus bancos de explotación en los campos marítimos de Afrodita, al sur del Mediterráneo frente a las costas israelíes.
Por su parte, Turquía presiona con fuerza protestando por su exclusión de los planes de explotación acordados por Chipre y Noble Energy y por la presencia al norte de la isla mediterránea de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), un entidad estatal ‘de facto’ sólo reconocido por Turquía.
Chipre, miembro de la UE desde 2004, no incluyó a la RTNC en este banco de explotación pero las autoridades turco-chipriotas, apoyada por Turquía, aducen de sus legítimos derechos en la ZEE contigua a sus costas. El plan de Noble Energy y Chipre incluye también a Egipto y Líbano pero excluye a Siria, país actualmente azotado por la guerra civil.
El otro actor es Rusia, que ya entró con fuerza en el reparto de cuotas sellando acuerdos energéticos con Israel. Sin embargo, Turquía e Israel, que acaban de limar asperezas tras roces diplomáticos desde 2010, parecen acordar nuevas rutas de oleoductos y gasoductos en el Mediterráneo Sur, especialmente en el caso turco con el oleoducto BTC (Bakú-Tbilisi-Ceyhan) de llevar petróleo desde el Mar Caspio hasta Europa pasando por el puerto mediterráneo turco de Ceyhan. Un proyecto avalado por EE UU y Europa.
Pero el pulso a tres bandas entre Israel, Rusia y Turquía puede considerar cambios geopolíticos de gran trascendencia en el Mediterráneo Sur, cuyos conflictos aún no resueltos en materia de soberanía (las dos entidades estatales en Chipre) y de delimitación marítima (Grecia y Turquía, ambos miembros de la OTAN) pueden provocar diversas variantes tanto para su eventual solución como para intensificar el conflicto por mor del pulso de intereses energéticos.
Europa debe observar con atención este pulso en la periferia mediterránea pero, al menos por lo que se observa ante estos movimientos, su posición es abiertamente distante, opacada por los intereses de los principales actores involucrados.

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