Opinión

Un vistazo al panorama internacional a través de los medios de comunicación ilustra porqué parece que estamos inmersos en la era de la protesta. Tres semanas de disturbios en la plaza turca de Taksim contra la construcción de un centro comercial en un céntrico parque de Estambul. Varios días de protestas en Brasil contra el elevado costo público por la celebración de la Copa FIFA de Confederaciones. Europa sumida en protestas sociales por la austeridad y los recortes.
¿Está la crisis económica alimentando la era de la protesta? Un perfil ciudadano del ‘protestante’ da a entender que es la clase media global la que se ve más afectada por la crisis. Al mismo tiempo, la desproporcionada y brutal represión policial contra los manifestantes inicialmente pacíficos en Turquía y Brasil explica, también, que el poder ya se vale de la represión inmediata para silenciar las protestas. Malos tiempos, entonces, para los derechos humanos.
Salvo en el caso europeo por los recortes y la austeridad financiera, lo curioso es que el móvil de las protestas ya no parece sujetarse a perfiles ideológicos y políticos, sino a asuntos más cotidianos que tienen una repercusión más inmediata. El mundo parece conocer ahora que Turquía es un país fuertemente polarizado entre laicos, religiosos, progresistas, ecologistas, etc, debido a unas protestas por preservar un parque público. Y las manifestaciones en las afueras de los estadios de Brasilia, Río o São Paulo en Brasil parecen querer explicarnos que no todo es tan festivo en un país tradicionalmente estigmatizado por la samba y el fútbol.
Si la protesta ciudadana se está imponiendo, ¿podemos considerar que estamos ante la ‘revolución de la clase media’? Una hipótesis compleja y hasta contradictoria: un estamento socioeconómico tradicionalmente conservador pero actualmente pauperizado por la crisis, ¿puede dar curso a una rebelión ‘contra el sistema’? ¿O es que más bien podemos inducir que ya no hay clase media sino clases populares empobrecidas por la crisis?
Puede ser que tres décadas de economía ficticia ‘de casino’ está provocando una inesperada ola de protestas y movilizaciones de colectivos que anteriormente nunca se plantearon la posibilidad de la protesta. Otra consecuencia de la crisis es que la misma puede que esté acercando a las clases sociales, en este caso una ‘popularización’ de unas clases medias cada vez más empobrecidas.

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