Opinión

De Chipre al Kurdistán

Elena Carbajales | 08 de abril de 2013

Llama la atención la crisis económica chipriota y la oferta de paz en el Kurdistán turco, ambos aspectos de marcado interés estratégico geopolítico para Europa, especialmente en su periferia mediterránea y oriental.
La casi bancarrota económica chipriota, con un rescate financiero que coloca a este país en el mismo nivel de sujeción a la ‘troika’ que Grecia, Irlanda y Portugal, supone otra advertencia sobre una crisis europea ya casi irreversible. Si bien Chipre ocupa un ínfimo 0,2 por ciento sobre el PIB europeo y no tiene mayor peso dentro del Euro, la posibilidad de salida chipriota de la moneda única intensifica los temores en Bruselas por una escalada de la crisis.
Precisamente, son Grecia y Rusia los más afectados por su enorme peso dentro de la economía chipriota. Los bancos griegos y rusos veían en la isla mediterránea una especie de paraíso fiscal que se acaba de venir abajo mientras los chipriotas se someten a un ‘corralito’ financiero del cual difícilmente podrán escapar.
Un informe de seguridad alemán advirtió al mismo tiempo del eventual blanqueo de capitales en Chipre, especialmente por parte de las fortunas de millonarios rusos asentados como poder fáctico en la isla. La crisis chipriota provocó un enfrentamiento entre Rusia y la Unión Europea mientras las estimaciones de salvación financiera de la isla parecen estar enfocados en las reservas de petróleo y gas natural en su zona marítima, donde Rusia, Turquía y Grecia ya tienen fuertes intereses y no menos rivalidades.
Como se sabe, Chipre es una isla dividida entre un Norte turcófono cuya República sólo es reconocida por Turquía, y un Sur grecochipriota que forma parte de la UE desde 2004. La isla es motivo de discordia entre la UE y Grecia contra Turquía, país que en 1974 invadió militarmente el norte del mismo.
Otro caso es el Kurdistán turco, cuyo conflicto desde hace más de dos décadas y con más de 50.000 muertos puede abrir paso a las negociaciones, tras el anuncio del líder kurdo del PKK, Abdullah Oçalan (en cadena perpetua en una cárcel turca desde 1999), de fin de las hostilidades en el Kurdistán turco.
Los kurdos son el mayor pueblo del mundo sin un Estado, con 40 millones de habitantes repartidos entre Turquía, Irak, Siria, Irán, el Cáucaso y una numerosa diáspora en Europa y Medio Oriente. Turquía, EEUU y la UE reconocen al PKK como un grupo terrorista mientras que en la vecina Irak existe una República Autónoma Kurda cuya viabilidad puede transformar el panorama geopolítico regional, en especial ante las demandas kurdas de autonomía en una Siria inmersa en la guerra civil y la actual coyuntura de paz en el Kurdistán turco, donde habitan unos 15 millones de kurdos.
Como el Chipre en crisis con sus reservas marítimas de petróleo y gas, el Kurdistán es lugar de paso para las estratégicas reservas petroleras e hidráulicas hacia el Norte de Irak, apetecidas por las multinacionales extranjeras asentadas en el caótico Irak post-Saddam. Por tanto, Chipre y Kurdistán ocupan una atención crítica en la periferia europea cuyos intereses parecen ser más bien a largo plazo.

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